Cada año, miles de jóvenes panameños culminan sus estudios con la esperanza de encontrar una oportunidad laboral. Invierten tiempo, esfuerzo y recursos en prepararse; sin embargo, muchos descubren que obtener un título no siempre es suficiente para acceder a un empleo.
La explicación va más allá de la disponibilidad de vacantes. Cada vez más, las empresas manifiestan una preocupación que se repite en distintos sectores: cuesta encontrar talento con las competencias que hoy demanda el mundo laboral.
Durante años hemos centrado el debate en qué carreras estudiar, qué profesiones tendrán mayor demanda o cómo incorporar nuevas tecnologías en los procesos de formación. Todo eso es importante. Pero existe otro desafío, menos visible y muchas veces subestimado: las habilidades socioemocionales.
Las organizaciones siempre necesitarán personas con conocimientos técnicos, pero valoran más, sobre todo en los jóvenes sin experiencia, su capacidad de comunicarse de manera efectiva, trabajar en equipo, adaptarse al cambio, resolver problemas, asumir responsabilidades y relacionarse con respeto con clientes y compañeros. Estas son competencias que difícilmente pueden ser reemplazadas por la tecnología y que, en muchos casos, marcan la diferencia entre conseguir un empleo o perder una oportunidad.
La inteligencia artificial, la automatización y la transformación digital están modificando la manera en que trabajamos. Paradójicamente, mientras más avanza la tecnología, mayor valor adquieren las capacidades que nos hacen profundamente humanos: la empatía, el pensamiento crítico, la creatividad, el liderazgo, la ética y la capacidad de aprender de forma permanente.
Esta formación no recae únicamente en las universidades o en los centros de formación técnica; también interpela al sector privado, al Estado y a las organizaciones que trabajan en el desarrollo del talento humano. Preparar a las nuevas generaciones requiere una articulación permanente entre quienes educan y quienes generan empleo, para asegurar que la formación responda a las necesidades reales del país, presentes y futuras.
Desde COSPAE creemos que fortalecer la empleabilidad implica mucho más que ofrecer capacitación. Significa conectar la educación con el mundo del trabajo, promover experiencias prácticas, desarrollar habilidades para la vida y acompañar a las personas en la construcción de un proyecto profesional sostenible.
Panamá no solo debe avanzar junto con la tecnología; necesita cerrar las brechas de talento y formar ciudadanos íntegros, resilientes y preparados para aprender durante toda la vida, si quiere mejorar su competitividad y aprovechar las oportunidades que ofrecen sectores estratégicos como la logística, el turismo, la tecnología, los servicios y la economía digital.
Esa tarea requiere una visión compartida y un compromiso a largo plazo, sostenido y permanente, entre el Estado, el sector privado, la academia y la sociedad civil.
La autora es especialista en Negocios y Recursos Humanos y actual presidenta del Consejo del Sector Privado para la Asistencia Educacional (COSPAE).


