Con mucha atención escuché en redes sociales el archivo Recordando a Noriega/Podcast PRD: raíces, presente y futuro. En dicho documento, el expresidente Ernesto Pérez Balladares hace señalamientos históricos sobre las extintas Fuerzas de Defensa y nos deja saber que Manuel Antonio Noriega “trató de replegarse”.

En su comentario se refiere a quien fuera, en aquellos momentos aciagos, comandante de la institución, a quien presenta como el salvador de las Fuerzas de Defensa, opinión con la que no coincido. Omite, además, hechos que de ninguna manera pueden olvidarse, por tratarse de eventos que forman parte de nuestra historia reciente.

¿Se refiere el expresidente al comandante de la institución, un agente pagado al servicio de otra nación?

Culminada la misión por el perfeccionamiento de la soberanía, aquel 7 de septiembre de 1977, el comandante Omar Torrijos nos hizo saber a los hombres de uniforme que había llegado el momento del repliegue a los cuarteles y que correspondía entonces encaminar al país hacia la democracia partidaria.

Pareciera que el ambiente político vuelve a enmarañarnos con la conciliadora expresión “él trató de replegarse”. O ¿se trata de reagrupar a quienes, desde aquellas trágicas fechas, abandonaron el proyecto político de Omar y hoy están en desbandada?

Los indicadores de popularidad del doctor Pérez Balladares estaban categóricamente altos desde aquel 23 de noviembre de 1983, en el salón Compa Mida de Santiago de Veraguas. Era la mejor temperatura para el bautizo democrático de mayo de 1984 como abanderado del primer torneo electoral y para el cumplimiento de la orden de repliegue que pondría fin a la dictadura.

Todos esos indicadores de popularidad del doctor Pérez Balladares no le fueron suficientes para alcanzar la cima de Tinajitas, donde las bases del proyecto político de Omar fueron aplastadas por “el que trató de replegarse”.

Cuando calle 50 quedaba pintada de “pañuelitos blancos”, en el anfiteatro del Cuartel Central se desbordaba la temperatura con “¡Ni un paso atrás! ¡Ni un paso atrás!”, en la ruta autoritaria “del que trató de replegarse”.

Destaco la opinión del mayor Felipe Camargo: “La visión de Noriega era crear un ejército para perpetuarse en el poder; en su momento no lo visualicé”.

Las afirmaciones del expresidente no son consecuentes con su propio esfuerzo por el rumbo democrático ni con quienes perdieron la vida en una trágica orgía de balas, sangre y tortura en la masacre de Albrook ocurrida entre el 3 y el 4 de octubre de 1989.

Todo lo que aquí expreso no es otra cosa que páginas de la historia que nos corresponde atesorar para que, con el devenir de la vida, el país no vuelva a pasar por las tragedias ya vividas.

Recuerdo lo ocurrido en la sala de operaciones del G-3 E.M., aquel 16 de marzo de 1988, cuando un grupo de capitanes y mayores, conscientes del rumbo perdido que llevaba la institución, nos empeñamos en una misión que buscaba el relevo institucional del comandante Noriega.

La misión no se alcanzó y, desde esa fecha hasta la trágica madrugada de la invasión, pagamos con nuestros huesos en la cárcel el precio de una verdad: “Si el comandante no se retira ahora, lo van a venir a buscar”.

Y así exactamente fue, pese a las consignas de “¡Ni un paso atrás! ¡Ni un paso atrás!” y “¡Tenemos comandante hasta el 2000!”.

El final estuvo cargado de momentos humillantes para el país y para el derrocado líder de la institución, quien, amargado y descontrolado, esperaba debajo de un puente el rescate que finalmente llegó para llevarlo hasta la Nunciatura Apostólica, camuflado con la sotana de un cura, que finalmente le sirvió para ponerse a salvo de las tropas que lo habían tenido en su planilla como agente encubierto.

Más puntual no pudo ser el comandante Torrijos cuando se refirió al momento que vio venir: “No caigamos en lo que nos quieren hacer creer nuestros adversarios: a los militares, que la cosa anda mal por culpa de los civiles, y a los civiles, que la cosa anda mal por culpa de los militares. Cuando eso pase, prorrateamos la derrota”.

Finalmente, hoy no son las falacias de un agente encubierto las que nos vuelven a golpear. Estamos silenciosamente observando el saqueo de la cosa pública, entre ello, los B/.31,000 millones que desde el año 2000 el Canal de Panamá ha aportado al Tesoro Nacional.

Hoy no son las bayonetas. Es el silencio cómplice de quienes heredaron el compromiso político con Omar y callan frente a las tropelías contra la cosa pública, pero que en cada nueva elección lo buscan como motivador milagroso: “Omar vive, vive; la lucha sigue, sigue”.

El autor fue capitán escolta de Omar Torrijos. Detenido el 16 de marzo de 1988.