Cuando hablamos de contaminación por plásticos en Panamá, solemos pensar en bolsas, botellas o residuos urbanos. En el campo, la imagen más conocida quizá sea la de envases vacíos de agroquímicos abandonados junto a una parcela. Sin embargo, el plástico también se encuentra en bolsas y lonas para ensilaje, cubiertas de invernaderos, acolchados, mangueras, cintas de riego, sacos y bandejas de vivero. Todos terminan como residuos, pero no todos tienen el mismo riesgo ni pueden manejarse de la misma manera.
El problema ocurre en un contexto nacional complejo. Según el Ministerio de Ambiente, Panamá generó en 2022 más de 380,000 toneladas de residuos plásticos municipales y casi nueve de cada diez toneladas fueron gestionadas de manera inadecuada. Aunque estas cifras no corresponden específicamente al agro, muestran las limitaciones de recuperación y disposición que también afectan a las áreas rurales. En los envases de agroquímicos, el riesgo es mayor porque pueden quedar residuos de sustancias químicas tóxicas.
Hay otra fuente menos visible: el plástico utilizado para conservar el ensilaje. En muchas fincas ganaderas, el ensilaje ayuda a alimentar al ganado cuando disminuye la disponibilidad de pasto. Después de utilizarlo, quedan bolsas, mangas, películas y lonas con tierra, humedad y restos de forraje. Si permanecen al sol, al viento y al pisoteo, pueden fragmentarse y dispersarse en potreros, drenajes y cursos de agua, por lo que ni quemarlos ni enterrarlos resuelve el problema.
Por eso, necesitamos distinguir los distintos tipos de residuos. Los envases de agroquímicos requieren medidas estrictas, como el triple lavado, y sistemas seguros de recepción y reciclaje. Los plásticos de ensilaje requieren una logística distinta: retirar los restos de forraje, mantener el material seco y reunir cantidades suficientes para facilitar su recolección y reciclaje. Importadores, distribuidores, agroservicios, cooperativas, productores, autoridades, gestores de residuos y recicladores pueden participar en soluciones de recuperación y logística posconsumo.
Antes de diseñar un sistema nacional, debemos responder preguntas básicas: ¿cuánto plástico usa cada año el sector agropecuario?, ¿qué proporción corresponde a agroquímicos, ensilaje, riego e invernaderos?, ¿dónde se concentra y cuánto se recupera? Lo que no se mide difícilmente puede gestionarse. El plástico cumple funciones importantes en la agricultura y la ganadería; el reto no es eliminarlo, sino asumir la responsabilidad que comienza cuando termina su vida útil.
El autor es economista agrícola, investigador del IDIAP y CIAPCP-AIP, y miembro del SNI, para Ciencia en Panamá.


