La política exterior de Estados Unidos ha sido históricamente guiada por intereses estratégicos, y el caso de Venezuela no es una excepción. La idea de que ese país actúa en pro de la democracia resulta una ilusión, un espejismo que oculta un interés más profundo: el acceso al vasto petróleo venezolano. Está en juego la relación entre la estrategia estadounidense en la región, la reaparición de la Doctrina Monroe y la necesidad de un enfoque multilateral.
Sería una ingenuidad creer que la democracia ocupa un lugar central en la agenda de Estados Unidos en su intervención militar en Venezuela. Las acciones militares estadounidenses parecen alinearse más con objetivos imperiales que con la promoción de instituciones democráticas. La reciente Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos destaca la importancia del acceso a recursos y ubicaciones estratégicas. En este contexto, el llamado “corolario Trump” de la Doctrina Monroe se erige como un recordatorio de que las intervenciones militares pueden utilizarse para asegurar activos críticos para la economía estadounidense.
Frente a esta realidad, el multilateralismo se presenta como una alternativa viable dentro de las reglas del juego de un sistema capitalista. En lugar de actuar unilateralmente en defensa de sus intereses, Estados Unidos —en el marco de una crisis de larga duración— ha perdido capacidad para alcanzar acuerdos que incluyan a otros países y a organizaciones internacionales. Ello cobra mayor relevancia en un escenario tripolar marcado por China, Estados Unidos y Rusia.
Es importante considerar las implicaciones legales de intervenciones militares como la ocurrida en Venezuela. La violación del derecho internacional no solo socava la credibilidad de Estados Unidos, sino que pone en riesgo la estabilidad regional. Los gobiernos que apoyen estas medidas se disparan en el pie. Por ejemplo, ¿también respaldarían una eventual “recuperación” del Canal de Panamá en el marco del irredentismo del presidente Trump? Las acciones unilaterales son percibidas como agresiones y afectan a miles de personas inocentes.
El nuevo viejo monroísmo debe ser cuestionado. La búsqueda de un enfoque multilateral y el respeto al derecho internacional son esenciales para construir un futuro de paz y bienestar. La lucha por la democracia en Venezuela no debería estar marcada por la intervención militar, sino por una participación genuina de la comunidad venezolana y de la comunidad internacional, orientada, ante todo, a preservar la soberanía y los recursos del pueblo venezolano.
El autor es docente universitario y doctor en filosofía.

