Cada octubre, Panamá se viste de rosa y celeste. Por un mes, hospitales, empresas y medios hablan de cáncer de mama y de próstata. El 1 de noviembre, la cinta se guarda hasta el año siguiente. El cáncer, no.

En 2022 murieron 549 hombres panameños por cáncer de próstata, según el Instituto Oncológico Nacional. Repártalo entre 365 días: es más de un hombre cada día, todos los días del año, no solo en octubre.

Cada año se diagnostican más de 800 casos nuevos. Y la capacidad para detectarlos a tiempo ya existe: el examen de PSA cuesta entre 15 y 29 dólares en laboratorios privados, y la CSS y el Minsa ya lo ofrecen gratis. En un solo operativo en Panamá Oeste, en 2023, la CSS realizó 528 pruebas en una semana. Panamá tampoco parte de cero en tecnología: la CSS ya superó las 100 cirugías de próstata con láser, siendo la única institución pública que ofrece este servicio y urólogos panameños publicaron las primeras biopsias guiadas por microultrasonido de Latinoamérica. En Panamá Oeste, donde el cáncer de próstata lidera las muertes, la clínica satélite del Hospital Nicolás A. Solano ya tiene personal entrenado en el ION: solo falta abrir sus puertas. La capacidad no es el problema.

Lo que sí es un problema es cuándo llega el paciente. En el sistema público, cerca del 60% de los casos de cáncer se empiezan a tratar en etapas 3 o 4. Esa diferencia no es menor: según la Sociedad Americana del Cáncer, un hombre diagnosticado en etapa localizada o regional tiene más del 99% de probabilidad de seguir vivo a los cinco años; si el cáncer ya se diseminó, esa cifra cae al 38%. No es lo mismo llegar a tiempo que llegar tarde. Es la diferencia entre curarse y no curarse.

Tenemos el diagnóstico, la tecnología y la evidencia de que la detección temprana funciona. Lo que no podemos seguir teniendo es una salud pública que solo les recuerda a los hombres panameños que existen una vez al año. Un hombre de 40 años no debería necesitar un calendario para hacerse un examen que cuesta 15 dólares y le puede salvar la vida.

Las enfermedades no entienden de meses. Las políticas de salud tampoco deberían.

El autor es médico investigador y epidemiólogo e integrante de Ciencia en Panamá.