Abordar el tema educativo nacional siempre será un ejercicio exigente, tanto en el análisis como en las posibles sugerencias que puedan surgir. Ciertamente, estamos frente a una generación radicalmente diferente y muy sui géneris en relación con la que conocieron los docentes con más de cinco décadas de experiencia. Este contexto exige, más que mantener la misma postura de hace veinte o quince años y las mismas herramientas didáctico-pedagógicas, reinventarnos y hacer las adecuaciones pertinentes para asumir la labor formativa desde otra perspectiva.

Es decir, al encontrarnos, en la mayoría de los centros escolares, con estudiantes abúlicos, con falta de actitud, sin motivaciones y sin ese apoyo del hogar que contribuya a una “educación inicial” básica, con inducción lectora, modelos conductuales dignos de emular, cuestionamientos constantes sobre qué se espera de la vida y cómo emprender el vuelo hacia sueños profesionales, así como el deseo de visualizar en el estudio una salida a las limitaciones económicas de la mayoría de los panameños, debemos aplicar otras formas de enseñanza acordes con el perfil de los adolescentes actuales.

Al no ver el problema desde esta perspectiva, nos abocamos a dar “palos de ciego”, a cometer desaciertos, sufrir frustraciones y no lograr los objetivos planteados. Es decir, debemos adecuarnos a ellos —los estudiantes—, no ellos a nosotros. Lógicamente, esto exigirá al docente activo acelerar el ritmo en la aplicación de la tecnología, no quejarse y ser creativo. Quizás sea necesario dejar un poco de lado marcos teóricos de textos desenfocados y ensayar formas didácticas innovadoras y frescas.

Por otro lado, hacemos énfasis en la indisciplina, la rebeldía y, en cierto modo, la anarquía con que se desenvuelven los estudiantes en las aulas, así como en su desinterés y en el hecho de que parece “no importarles nada”. Si se les asigna una tarea, no la hacen; si se les asigna una investigación, la desarrollan a medias o, a través de la IA, plagian contenidos sin incorporar un aporte propio, opiniones o puntos de vista. Se van por el camino fácil y se pierde así un momento oportuno para ejercitar el pensamiento crítico.

Ahora bien, otro factor que se suma a este tema es la condición de nuestros centros escolares: salones calurosos, sin aire acondicionado; infraestructuras carcomidas por el tiempo; carencia de insumos y de un ambiente propicio para el acto educativo; hacinamiento en las aulas; ausencia de equipos psicopedagógicos en muchos planteles; y poca o nula inversión en la expansión de los centros, entre otras deficiencias. Todo lo anterior incide también en la falta de resultados que permitan potenciar la formación de nuestros jóvenes y dotarlos de aprendizajes significativos.

En síntesis, desde nuestra humilde opinión, debemos recurrir a una suerte de pedagogía de la motivación y la creatividad, y usar ejes transversales como recursos que permitan, en un momento dado, alcanzar resultados. Debemos entender que estamos frente a una generación en la que cada aula de clase y cada grupo de estudiantes constituyen una realidad diferente, a la cual debemos aplicar no una receta única, sino distintas variables que nos permitan obtener resultados en beneficio de la población estudiantil.

El autor es docente de nivel medio y en la Universidad Tecnológica.