Estar vivo no parece ser razón suficiente para que el cuerpo baje la guardia. ¿Cómo volver a sentirnos seguros y estables después de sobrevivir a un terremoto? Esta es posiblemente una de las preguntas más frecuentes desde el viernes pasado.

Lo que sentimos es normal

Algunos podemos seguir en estado de alerta: es la forma en que el cuerpo intenta protegernos. Por temor a una réplica, un ruido cotidiano puede sobresaltarnos porque ahora lo percibimos con mayor intensidad. No todos nos sentimos listos para regresar al lugar donde sentimos el temblor, y la idea de alejarnos de nuestros lugares seguros o de las personas que nos dan tranquilidad nos desconcierta.

Miedo, angustia, inseguridad, preocupación, mareos, dolor en el cuerpo e insomnio son respuestas comunes y esperadas tras un evento de esta magnitud.

Todo lo vivido desde el viernes puede sentirse aún muy pesado. Cada uno está atravesando este momento crítico como puede, y cada persona necesitará su propio tiempo y su propia forma de procesarlo y afrontarlo. Por difícil que se sienta al principio, sí existen herramientas que nos ayudan a recuperar, poco a poco, estabilidad y control.

Qué podemos hacer

No hay una fórmula mágica ni instantánea que nos devuelva la sensación de seguridad que tanto anhelamos. Una primera herramienta es la respiración pausada y consciente, que nos ayuda a autorregularnos y a sentir que retomamos el control. Por ejemplo: inhalar por la nariz contando hasta cuatro segundos y exhalar lentamente por la boca contando hasta seis segundos, repitiendo el ejercicio durante uno o dos minutos.

Después, conviene reconocer y compartir cómo nos sentimos. Aunque recordar lo que nos duele puede ser incómodo y compartirlo nos puede hacer sentir inicialmente más vulnerables, ponerles nombre a nuestras emociones y hablar de ellas con alguien de confianza sigue siendo un camino sano y efectivo para procesar lo vivido. Otras herramientas útiles para afrontar una crisis son:

  • Enfocarnos en lo que sí podemos controlar: preparar una mochila de emergencia, acordar con la familia un punto de encuentro e identificar las zonas seguras de la casa.

  • Comenzar a tomar pequeñas decisiones, por muy simples que sean, para generar una sensación de control.

  • Vivir un día a la vez: concentrarnos en lo que toca hoy, sin anticipar todo lo que podría pasar.

  • Retomar rutinas: horarios de comida, sueño y trabajo, aunque sea de forma parcial.

  • Buscar apoyo en los seres queridos: conversar, acompañarnos y no aislarnos.

  • Recurrir a la espiritualidad o a la fe, si forman parte de nuestra vida.

  • Informarnos a través de fuentes oficiales y confiables, y limitar el tiempo frente a noticias y redes sociales.

  • Dedicar tiempo al arte, la recreación y el descanso.

Cuándo pedir ayuda

Los tres primeros días después de una crisis suelen sentirse con mayor intensidad emocional. Si después de tres semanas el miedo, la angustia, el insomnio u otras alteraciones significativas, en vez de disminuir, aumentan en intensidad, frecuencia o duración, o interfieren con la vida diaria, es recomendable buscar apoyo de un profesional de la salud mental.

Todos queremos volver a sentirnos seguros y podemos lograrlo. Cada uno irá reconstruyendo su mundo interno y su sensación de seguridad a su tiempo y a su manera. Con la ayuda, la comprensión y la cercanía de nuestros seres queridos, podremos volver a sentirnos acompañados y en calma.

La autora es magíster, psicoterapeuta y psicooncóloga, con formación en manejo de intervención en crisis.