La reciente información sobre la programación de la entrega de tarjetas PUNCH para los beneficiarios del PASE-U de los 388 centros educativos de la comarca Ngäbe-Buglé, que comenzaría en octubre en San Félix, abre una discusión que supera el simple cambio de un cheque por una tarjeta. La medida consiste en sustituir el pago por cheque del Programa de Asistencia Social Educativa Universal (PASE-U) por el pago mediante la tarjeta PUNCH, una Mastercard de la Caja de Ahorros.

El debate va más allá de estar o no a favor de la tecnología, de la bancarización y de la modernización de los mecanismos de pago. La pregunta es si esta medida toma en cuenta la realidad territorial, económica y social de quienes recibirán ese beneficio.

La comarca Ngäbe-Buglé es un territorio extenso en el que muchas comunidades tienen dificultades para acceder a servicios financieros, conectividad, transporte, electricidad y vías de comunicación. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha identificado entre los principales desafíos del territorio la pobreza multidimensional y las limitaciones en materia de conectividad, vías de acceso, electricidad, agua potable y servicios de salud.

Preguntémonos: ¿de qué sirve entregar una tarjeta si una persona tiene que viajar durante horas, pagar transporte y llegar hasta un centro poblado para encontrar un lugar donde pueda utilizarla o retirar su dinero?

El cambio puede representar una modernización administrativa, pero no necesariamente una mejora para el beneficiario si no existen las condiciones necesarias para utilizar la tarjeta.

Una tarjeta necesita establecimientos que la acepten, cajeros o agentes bancarios, conectividad, electricidad, educación financiera y mecanismos de atención cuando exista un problema. En una comarca extensa y con comunidades dispersas, estos factores no pueden darse por sentados.

La discusión también debe considerar el Índice de Pobreza Multidimensional de Panamá 2022 (IPM), según el cual 187,691 personas en situación de pobreza multidimensional residían en la comarca Ngäbe-Buglé, equivalentes al 28.5% del total de personas en esta condición en el país. El mismo informe registra que la comarca tenía una incidencia de pobreza multidimensional del 85%, una realidad que demuestra que las necesidades van mucho más allá de los ingresos.

En niños, niñas y adolescentes, el panorama también es preocupante: el IPM-NNA 2022 registró 118,103 menores en pobreza multidimensional en la comarca. Esto significa que cualquier política pública dirigida a las familias debe considerar las condiciones de educación, vivienda, salud, agua, saneamiento, conectividad y oportunidades.

La discusión no puede reducirse a «tarjeta sí» o «tarjeta no». Debemos preguntar si existe un plan para garantizar que las personas puedan utilizarla sin que el costo del transporte, la distancia o la falta de conectividad conviertan el supuesto beneficio en una nueva dificultad.

Si se quiere avanzar hacia una verdadera inclusión financiera, también se necesita una mayor presencia de servicios bancarios, cajeros o agentes en puntos estratégicos, mejor conectividad, educación financiera en español y ngäbere, mecanismos de atención ante la pérdida o el bloqueo de tarjetas y alternativas para comunidades donde todavía no existen condiciones adecuadas.

La comarca necesita inversión en caminos, agua potable, electricidad, conectividad, salud, educación, generación de ingresos y oportunidades para la juventud. El PNUD ha documentado que las dificultades de acceso y conectividad también afectan la educación y la comercialización de productos comunitarios.

Mi preocupación no es la tarjeta. Mi preocupación es que nuevamente intentemos resolver**, desde una oficina disociada de la realidad, una situación** que se vive de manera muy diferente en las comunidades.

Modernizar los pagos puede ser parte del desarrollo, pero modernizar también significa comprender las circunstancias del territorio y adaptar las soluciones a sus condiciones.

Antes de decidir cómo vamos a pagar, debemos preguntarnos: ¿cómo vive la persona que recibirá ese pago?, ¿cuánto le cuesta llegar hasta donde puede utilizarlo?, ¿tiene internet?, ¿tiene electricidad?, ¿qué ocurre si pierde la tarjeta?

La inclusión financiera no puede medirse únicamente por la entrega de una tarjeta, sino por la capacidad real de las familias para utilizarla.

La comarca Ngäbe-Buglé no necesita solo nuevas formas de recibir dinero. Requiere que se garanticen las condiciones para que ese dinero pueda convertirse en bienestar, oportunidades y desarrollo para sus comunidades.

El autor es egresado del Laboratorio Latinoamericano de Acción Ciudadana.