Sé que hablar de minas, puertos y represas resulta extraño esta semana. Desde niño he visitado muchas veces Azuero: para disfrutar de los carnavales y las fiestas patronales, recibir el Año Nuevo, asistir al Desfile de las Mil Polleras y pescar en Pedasí. Conservo gratos recuerdos de la península. Hoy, en Tonosí, Mariato y La Villa, hay familias que aún no saben dónde dormirán. Primero está la gente. Hasta el 14 de octubre, Sinaproc reportaba 879 familias que habían perdido completamente sus viviendas y el Meduca, unos 619 centros educativos con daños. Una casa puede levantarse en meses; el ingreso de quien vuelva a vivir en ella se define en los años siguientes.
Azuero ya contaba con poco margen antes del 9 de octubre. Las cifras del INEC de 2024 lo muestran: Panamá, Panamá Oeste, Colón y Chiriquí producen el 90.6% de lo que genera el país; Herrera y Los Santos figuran entre las provincias de menor aporte. En un minuto quedaron dañados hornos de alfarería e iglesias que la gente visita.
Los recursos anunciados fueron cuantiosos: el Gabinete habilitó hasta 100 millones de dólares; el BID ofreció hasta 300 millones de su crédito contingente, y la CAF, unos 50 millones. Cuando el dinero llega y se administra bien, se acelera la reconstrucción. La pregunta que me hago es otra: ¿podrán los municipios de Azuero convertir esos recursos en obras? ¿Dejarán esas obras empleos y compras en la propia región?
En agosto, la Comisión Interministerial que estudió la situación de la mina de Donoso se reunió con los alcaldes de Donoso, Omar Torrijos Herrera y La Pintada. Los municipios tenían priorizadas sus obras, pero, según el informe del 30 de septiembre, carecían de estudios, planos y expedientes. El mismo informe calcula que el cierre de la mina retiró de circulación 484.3 millones de dólares en Coclé y Colón. En ocho comunidades de la zona, el desempleo oscila entre el 26% y el 50%. Muchos perdieron su trabajo, cerraron microempresas y pequeños negocios, y la economía local se deprimió.
Para reactivar la economía del interior, se debe empezar por Cobre Panamá. La mina puede generar rápidamente empleos formales, permanentes y bien remunerados porque ya existe: solo hay que reactivarla. No hay que esperar una etapa de construcción y puesta en marcha. Solo con el permiso para procesar el mineral almacenado se han generado 2,300 empleos, pero son temporales. La Comisión Interministerial recomendó negociar con First Quantum una reactivación que también cubra el cierre, sin que el Estado invierta un real, y calcula que, por cada día sin una decisión, el país deja de recibir, en promedio, 6.85 millones de dólares en divisas.
Río Indio y Puerto Barú van a ayudar a fortalecer la economía y a generar empleos formales, pero sus efectos no serán inmediatos. Hay que construirlos y pasarán años antes de que estén operativos.
Entre la gente de la capital hay desconfianza. La información no le llega y la desinformación en redes sociales aumenta ese recelo. Aun así, en las encuestas de Gallup que cita la Comisión, el apoyo a un acuerdo minero llega al 72% en Coclé cuando hay beneficios directos y transparencia.
Informar sobre los efectos de la inversión y la generación de empleos en el interior es importante para generar confianza. Necesitamos conocer los datos reales y no dejar que los rumores y relatos se apropien de la información pública. Me gustaría que los responsables de la reconstrucción de Azuero y de estos tres proyectos informaran sobre sus avances cada trimestre, provincia por provincia.
El Canal seguirá siendo el corazón económico del país. No se puede frenar la emigración: las personas buscan su bienestar. Hay que crear oportunidades de trabajo y desarrollar la economía del interior. Ojalá la reconstrucción demuestre que el país también puede crecer hacia adentro.
El autor es empresario y comunicador.
