Esta es una de las frases más icónicas del personaje Tres Patines, interpretado por el comediante cubano Leopoldo Fernández, en el clásico programa de radio y televisión que, a partir de 1942 y durante varias décadas, logró cautivar la memoria colectiva de toda Hispanoamérica.

En la actualidad, la frase sigue viva como sinónimo de una situación absurda o difícil de creer. Precisamente, vino a mi memoria en medio de los recientes cuestionamientos que, en la Comisión de Presupuesto de la Asamblea Nacional, le hicieron al nuevo rector de la Unachi, Absel Navarro, al enterarnos de que, en dicha universidad, el administrador de la cafetería recibe un salario mensual de $3,206.00, así como el subadministrador respectivo, $2,072.00. El rector Navarro argumentó que dichos emolumentos responden a la carrera administrativa, la antigüedad, los sobresueldos y las responsabilidades acumuladas de los funcionarios.

Lo cierto es que, si a manera de ejemplo tomamos como referencia comparativa el salario base inicial de un cardiólogo como médico especialista en la CSS, luego de 11 o 14 años de estudio, el cual es de apenas $3,000.00, la irónica situación que en materia salarial se vive en la Unachi resulta verdaderamente insultante; y eso que este es solo un renglón del sobreinflado presupuesto requerido por la Unachi para pagar salarios, el cual revela la desfachatez y el desparpajo con que se manejaron y pretenden seguir manejando, so pretexto de ser “autónomos”, los dineros de los impuestos de todos los panameños para satisfacer la enfermiza gula que ha caracterizado la administración de esta casa de estudios durante décadas.

Para 2027, la Unachi está solicitando al Estado 118.8 millones de balboas, aparte de unos 30 millones adicionales que solicita para cubrir el pago de la planilla adeudada por lo que resta del año 2026, sin contar siquiera la millonaria suma adicional que la institución le adeuda a la CSS en materia de cuota obrero-patronal que dejó de pagar.

El rector Navarro calificó la actual situación como “un limbo administrativo” y aseguró que la Unachi está prácticamente paralizada debido al déficit presupuestario. Tras un acuerdo con el Ministerio de Economía y Finanzas para hacer frente a la planilla hasta diciembre, anunció medidas de contención del gasto, entre ellas la reducción de sobresueldos y gastos de representación, la eliminación de cargos con funciones duplicadas y la revisión de la estructura administrativa. Habrá que ver ahora el alcance real de estos ajustes frente a la magnitud del problema financiero de la universidad.

Por otro lado, el rector Navarro ya anunció la creación de una Comisión Política para, según sus propias palabras, “estrechar o fortalecer los vínculos y relaciones con los políticos”, como si eso no lo hubiesen estado haciendo desde siempre para lograr mantener el statu quo. Otro de los esfuerzos de la rectoría parece estar encaminado a realizar una reunión con la defensora del Pueblo. Doy por sentado que el apoyo que el rector espera recibir de la licenciada Ángela Russo no se limita a la dotación de un televisor con pantalla grande para la cafetería.

La pobre y paupérrima defensa que he escuchado por parte de quienes se animan a justificar y defender la corrupción rampante en la Unachi es que esta no es la única institución del país que merece y debe ser cuestionada, ya que lo mismo ocurre en la Asamblea Nacional, al igual que en las embajadas, consulados y notarías, que ciertamente operan de similar forma para esquilmar, sin asco, al país y quedarse con el dinero de sus impuestos para su propio beneficio. Estoy de acuerdo, de manera que, como diría el tremendo juez de La Tremenda Corte: “Llamemos a todos los implicados en este atraquicidio”.

El autor es escritor y pintor.