Como joven y especialista en el área farmacéutica, me resulta alarmante observar la creciente demanda de medicamentos utilizados para bajar de peso y, sobre todo, la facilidad con la que algunas personas buscan adquirirlos sin una adecuada evaluación profesional.
Ozempic, Mounjaro y otros medicamentos de esta nueva generación han generado enormes expectativas. Sin embargo, no son una fórmula mágica para bajar de peso. Pueden ser herramientas terapéuticas importantes cuando existe una indicación adecuada, pero requieren valoración, seguimiento y un abordaje integral. No son sustitutos de una alimentación equilibrada, actividad física ni de cambios sostenibles en el estilo de vida.
La preocupación aumenta cuando estos productos se adquieren por redes sociales, internet o establecimientos no autorizados. Un medicamento de dudosa procedencia puede no contener lo que declara su etiqueta, tener una dosis incorrecta o estar contaminado. En ese escenario, lo que comenzó como el deseo de mejorar la apariencia puede terminar convirtiéndose en un problema serio de salud.
También considero necesario llamar la atención sobre otro fenómeno que hemos normalizado: el uso indiscriminado del omeprazol. Tomarlo repetidamente o durante períodos prolongados sin una indicación adecuada no es inocuo. Su utilización prolongada puede asociarse con deficiencia de vitamina B12, hipomagnesemia, problemas renales, infecciones intestinales y un mayor riesgo de fracturas en determinados pacientes. El medicamento debe utilizarse cuando realmente está indicado, en la dosis apropiada y durante el tiempo necesario.
Pero detrás de esta demanda existe una pregunta que como sociedad debemos hacernos: ¿cuánto estamos dispuestos a arriesgar para alcanzar un determinado estándar de belleza?
Las redes sociales muestran cuerpos aparentemente perfectos y pueden generar la sensación de que nuestro cuerpo nunca es suficiente. Esa presión puede llevar a decisiones apresuradas, automedicación y a confiar en productos cuyo origen desconocemos.
No estoy en contra de los medicamentos utilizados responsablemente para tratar la obesidad. Estoy en contra de convertirlos en una moda, utilizarlos sin criterio profesional o comprarlos en canales donde no existe garantía de autenticidad y seguridad.
Bajar de peso puede ser un objetivo legítimo. Poner en riesgo la salud para conseguirlo no lo es.
La verdadera meta no debería ser simplemente pesar menos, sino vivir mejor, cuidar nuestro cuerpo y construir hábitos que podamos mantener durante toda la vida.
El autor es farmacéutico.


