La cartografía como disciplina científica, dedicada al tema de los mapas y las representaciones gráficas de la superficie terráquea, no ha sido últimamente el ámbito usual para gratas nuevas (cambios unilaterales de nombre para el golfo de México o para el lago Ontario). Sin embargo, esto tuvo una disrupción el pasado viernes 4 de septiembre, cuando la 79.ª Asamblea General de la ONU aprobó la resolución favorable a la iniciativa de Togo, con apoyo de la Unión Africana (UA), de adoptar mapas que representen de un modo más justo la proporción de cada continente en el conjunto global del planeta.

Que los países africanos hayan sido los portadores de la moción (que provino de la campaña #CorrectTheMap, auspiciada por las organizaciones Africa No Filter y Speak Up Africa) no es ninguna casualidad, ya que es una de las regiones del mundo peor representadas en el modelo de mapamundi que normalmente se utiliza en los centros educativos, el mapa de Mercator, creado en 1569 con el fin de facilitar la navegación, pero que distorsiona tanto las proporciones terrestres que Groenlandia se ve de un tamaño similar a África, cuando es 14 veces más pequeña.

¿Por qué este cambio cartográfico resulta tan importante? ¿Cambia alguna frontera? No. Lo que cambia es mucho más esencial que un límite geográfico. Transforma la propia imagen, o sea, afecta al imaginario humano, con lo cual todo se trastorna. Figúrese la sorpresa de una niña o un niño africano al ver el cambio del mapa al que estaba acostumbrado y la nueva representación, donde su continente tiene tres veces el tamaño de Europa o el de Estados Unidos. La conciencia de autoestima y autovaloración queda imaginativamente aumentada; así, la percepción de su peso geográfico y las carencias variadas que viven actualmente supondrán una toma de acción proactiva para salvar esa distancia. Como lo afirmó Robert Dussey, ministro de Asuntos Exteriores, Cooperación, Integración Africana y Togoleses en el Extranjero: “Y cuando nuestra perspectiva se vuelve más justa, sienta las bases para un mayor entendimiento, mayor respeto y paz entre las naciones”. De este modo, estamos ante un hecho de “justicia cognitiva y reparación de la memoria”, como reza la propia resolución.

Las reacciones más contrastantes fueron encabezadas por Francia y Estados Unidos. Así, el segundo país fue el único que votó en contra de la resolución, tachándola de tener una connotación ideológica; en cambio, Francia, a través de su ministro de Relaciones Exteriores, Jean-Noël Barrot, anunció que su país planea abandonar la proyección de Mercator para sus mapas del mundo, alineándose con el esfuerzo africano.

Si, como lo afirmaba el gran pensador francés de la teoría del imaginario Gilbert Durand, es en el campo de la imaginación donde reside la verdadera libertad y dignidad de las personas, es alegre y alentador pensar en el gran cambio mental que una significativa transformación cartográfica podrá eclosionar.

El autor es docente universitario.