Louis Sola, el supuesto amigo de Panamá, vuelve al ruedo. Ahora dice que los empleados del Canal tienen que pasar por seguridad china para llegar a sus puestos de trabajo. Otra mentira más, y de las grandes. Pero hablemos de él. De por qué el gobierno y la ACP deberían ponerle la lupa. Y de cómo llegó a tener una concesión en un terreno tan privilegiado.
A ver. El proyecto Amador Marina obtuvo una concesión directa para desarrollar una marina en isla Flamenco, en la entrada del Canal de Panamá. Una marina, un rompeolas, locales comerciales y dos concesiones estatales: una de tierra firme y otra de fondo de mar. Negocio redondo, pero accidentado. No llegó a nada.
En el gobierno de Varela, se la suspendieron. Y en medio de todo, marzo de 2015, el episodio de los boletos de Jorge Barakat, entonces administrador de la AMP. Amador Marina, S.A. le dio boletos valorados en $1,258.25 para un juego de los Miami Heat contra los Lakers. Y en noviembre de 2015, la AMP revocó la concesión. Pero en febrero de 2016, Amador Marina le mandó una carta a Barakat pidiéndole que confirmara la aceptación del “regalo” para documentarlo bien, citando la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero de EU. Barakat negó haber recibido el regalo y Antai le abrió una investigación por violar el Código de Ética de los Servidores Públicos. Y luego, en marzo de 2016, la empresa mandó otra carta retractándose y llamando todo un “malentendido”. Ajá.
Luego, con Nito, quisieron revivir la concesión. Solo faltaba un estudio de impacto ambiental.
Dato clave: Sola fue nombrado en la Federal Maritime Commission en el primer gobierno de Trump. Ocupando ese cargo, vino a reunirse con Mulino. Y saliendo de la reunión, acompañó a su hija a la ACP a pedir un certificado de no objeción para la concesión. O sea, por un lado, se reúne con la ACP y por el otro, usa su cargo para presionar. Un conflicto de intereses descarado. Todos los del mundo. Y encima, presionando a Panamá en el peor momento y con el tema más delicado sobre la mesa.
Pero lo peor no es eso. Lo peor es que hace creer que es amigo de Panamá. Se reúne con José Miguel Alemán, se hace ver como cercano a Trump, nos hace bajar la guardia y luego nos ataca con información falsa. Y usa su cargo para mentir descaradamente sobre un tema que hasta el Wall Street Journal desmintió tras la reunión con la comisión del Senado de EU. Como por ejemplo, Sola se quejó de que los chinos se ganaron los proyectos sin licitación, cosa que es mentira. Lo que sí es verdad es que a él, a Sola, el gobierno de Martinelli le dio la concesión sin licitación. Otra mentira que dijo: que cada vez que un barco entra a uno de los puertos en la entrada del Canal, bloquean el tránsito del Canal. E incluso recomendó sanciones económicas y restricciones a buques de bandera panameña que atraquen en puertos de EU.
Ahora, a la mentira de la seguridad china, le suma la propuesta de inversión de fondos americanos en infraestructura y puertos. Teniendo él una concesión. El típico conflicto de intereses.
La ACP y la AMP tienen que ser más contundentes. Y el gobierno, revisar esa concesión. Ya están auditando concesiones portuarias y eléctricas. Esta tiene todas las señales de ser ilegal y perjudicial para el país. No más regalos de tierras para nada bueno.
Y que no nos aburra el tema. Trump tiene una evidente campaña basada en mentiras, pero es el presidente de Estados Unidos y se siente el rey del mundo. Y su palabra, nos guste o no, suele ser la ley. O nos defendemos contundentemente, o cada vez que allá necesiten distraer, el tema volverá a la mesa.