Nicaragua, patria noble de admirables cantautores, escritores, atletas e incontables poetas de prestigio mundial, tierra de mágicos volcanes, de espléndidos lagos. Hoy vive en un mar de duelo, su geografía se ha inundado de sangre y lágrimas que han sido derramadas innecesariamente. Daniel y Rosario son lo letal de Nicaragua, el dictador actual se cree sempiterno, se ha burlado del pueblo ilimitadamente.
Después de un mes de protestas, Rosario Murillo, le ha dicho al pueblo: “plaga, esta peste que nos está quitando el derecho a respirar, a vivir, a estudiar, a acudir a nuestros templos, a curarnos, a sanarnos, a buscar la medicina, a tantas familias nicaragüenses”.
Este régimen ha sido facineroso con toda la ciudadanía, y todavía Rosario se atreve a calificar al pueblo como “vampiros que reclaman sangre”. También ha dicho que a los que andan en protestas “poco les importa Nicaragua”. Si el pueblo se ha manifestado es porque ama verdaderamente a Nicaragua, es porque anhela una Patria libre de tiranía; de verdadera libertad, donde permanezca la paz, la prosperidad y la seguridad plena, para todos los habitantes nacionales y visitantes del extranjero.
Si el pueblo ha sufrido es por causa de los cobardes e inútiles que han gobernado la última década, que tienen pensamientos coloridos de falsedad, y qué vergüenza los pocos dementes que siguen apoyándolos, pobres de ellos y más pobres serán, cuando esta dictadura llegue a su punto final.
Daniel Ortega, un dictador desnaturalizado extremo, el 16 de mayo en el diálogo nacional dijo: “Desgraciadamente, de quienes se han tomado la Universidad Politécnica, de ahí salen bandas paramilitares, ahí tienen armas. Vayan ustedes, manden una delegación a la Upoli y van a encontrar allí un verdadero arsenal de armas, fusiles, revólveres, bombas, o sea, todo lo que tienen ahí y luego de ahí salen a asaltar, asaltan vehículos, asaltan buses, asaltan todo tipo de transporte, los queman; incluso, se dan el lujo de filmar el hecho”.
Mandan a hacer daño y después se hacen fiel víctima, qué diferente sería que él y sus más allegados asistieran a los enfrentamientos que provocan, estar dando órdenes es sencillo, lo difícil es estar en el campo de batalla.
Con sus palabras ficticias han envenenado al pueblo.
Cuando ustedes salgan del poder, saldrá el sol resplandeciente, y también nacerá el progreso, no solo para Nicaragua, sino también para toda Centroamérica.
El autor es escritor y poeta