La Terapia Ocupacional ayuda a las personas a recuperar o desarrollar su autonomía para participar en las actividades que dan sentido a sus vidas: desde un niño que necesita mejorar su atención, escribir o participar en la escuela; una persona que necesita volver a comer, vestirse o trabajar después de una lesión; hasta un adulto mayor que busca mantenerse independiente y participar activamente en su comunidad.
Eso somos. Eso hacemos. Y hoy quiero hablarles a mis colegas, a nuestros estudiantes, a las universidades, a nuestra Asociación y también al Estado.
Cada 5 de septiembre celebramos en Panamá el Día del Terapeuta Ocupacional. Recibimos felicitaciones, reconocemos trayectorias y celebramos lo que hemos construido.
Pero quizás este año deberíamos hacer algo diferente: mirarnos hacia adentro. ¿Dónde estamos? ¿Qué estamos haciendo? ¿Hacia dónde estamos llevando la Terapia Ocupacional en Panamá?
¿Qué nos motivó a estudiar esta profesión? ¿Qué pasó con aquel terapeuta ocupacional que soñaba con transformar vidas? ¿Seguimos teniendo la misma pasión, curiosidad y compromiso con los que comenzamos? ¿O nos hemos acostumbrado a ocupar solamente los espacios que ya conocemos?
Panamá necesita que pensemos diferente. Tenemos una enorme necesidad en rehabilitación física. Basta mirar la Ciudad de la Salud de la Caja de Seguro Social, donde la presencia de terapeutas ocupacionales es insuficiente frente a las necesidades de una población que requiere atención integral.
Pero nuestra profesión no puede terminar allí.
Los hospitales del MINSA necesitan terapeutas ocupacionales. La salud mental también. En un país donde esta problemática adquiere cada vez mayor relevancia, tenemos mucho que aportar desde la ocupación, la participación y la inclusión.
También debemos atrevernos a mirar donde todavía somos pocos o prácticamente inexistentes: personas en situación de calle, población penitenciaria, envejecimiento, inclusión laboral, comunidades, prevención, rehabilitación basada en la comunidad, discapacidad y promoción de la salud.
Entonces me pregunto: ¿qué estamos esperando?
Al Estado quiero recordarle que la Terapia Ocupacional no es un servicio complementario del que se puede prescindir. Somos parte de una atención integral. Necesitamos plazas, servicios y políticas públicas que reconozcan nuestro aporte.
A nuestra Asociación le corresponde unir, representar, proyectar y defender la profesión. Necesitamos una voz más fuerte, mayor divulgación y más participación.
A nuestras universidades y estudiantes les corresponde también asumir el reto. Formar y formarse con excelencia, valores y pensamiento crítico, pero mirando las necesidades reales del país. Empoderémonos, participemos en nuestra Asociación, asistamos a congresos, seminarios y actividades científicas y sigamos aprendiendo. Cada capacitación es una inversión en nosotros y en el futuro de nuestra profesión.
Y a nosotros, los terapeutas ocupacionales, nos toca preguntarnos si estamos haciendo nuestra parte. Una profesión no crece solamente porque aumente el número de profesionales. Crece cuando la defendemos, investigamos, innovamos, comunicamos y nos atrevemos a ocupar nuevos espacios.
Por eso, este 5 de septiembre quiero hacerme y hacerles una pregunta: ¿Qué estoy haciendo yo para que la Terapia Ocupacional crezca en Panamá?
Porque Panamá nos necesita, pero necesita terapeutas ocupacionales que no tengan miedo de ocupar nuevos espacios, de levantar la voz, de prepararse y de demostrar todo lo que nuestra profesión puede aportar.
Que este 5 de septiembre no sea solamente un día para celebrar lo que somos. Que sea el día en que decidamos lo que queremos llegar a ser.
El autor es terapeuta ocupacional y docente.


