Nos enfrentamos a un escenario de ciberamenazas cada vez más complejo y sofisticado. Según el más reciente informe de FortiGuard Labs de Fortinet, Panamá registró 1,9 billones de intentos de ciberataques durante la primera mitad de 2026, una cifra que refleja la creciente escala y persistencia de las actividades maliciosas en el entorno digital.

Al mismo tiempo, los ciberdelincuentes continúan acelerando la adopción de la inteligencia artificial, incrementando la velocidad y eficacia de los ciberataques. Ante esta realidad, las organizaciones deben fortalecer sus estrategias de ciberseguridad y garantizar que sus colaboradores, especialmente en entornos de trabajo híbridos, puedan acceder a los recursos corporativos de forma segura desde cualquier ubicación.

El momento de SASE es ahora: conectividad segura y soberanía de los datos

Además de apoyar a los colaboradores remotos, los equipos de TI deben ocuparse de proteger los dispositivos conectados a la red, las aplicaciones a las que acceden y, sí, también los múltiples agentes de inteligencia artificial (IA).

Para ello, las empresas deben cambiar su enfoque sobre la ciberseguridad y posicionarla como una estrategia de negocio, invirtiendo de forma más inteligente para construir arquitecturas ciberresilientes que permitan la continuidad de las operaciones.

Uno de los enfoques que da buenos resultados es considerar la integración de plataformas que atiendan las diferentes necesidades del negocio. Desde una integración de redes y seguridad en un único marco de trabajo basado en los nuevos modelos de servicio, como la nube pública, que pueden ser operados de manera eficiente, hasta centros de operaciones de seguridad donde existen puntos centrales de detección, investigación y respuesta a incidentes que ocurren en distintas plataformas. Así, en lugar de gestionar herramientas independientes para las diferentes capas de seguridad, las políticas se definen una sola vez y se aplican de manera coherente, independientemente de la ubicación del usuario, la aplicación o los datos utilizados.

Sin embargo, la seguridad por sí sola no basta. La soberanía y la ubicación de tránsito o almacenamiento de los datos deben ser aspectos fundamentales del diseño. Si el tráfico se enruta a través de una infraestructura global gestionada por el proveedor sin una visibilidad clara de dónde se realiza la inspección o dónde se almacenan los registros, surgen riesgos, especialmente para sectores regulados como la atención sanitaria, los servicios financieros y el sector público.

Las organizaciones necesitan saber dónde se inspeccionan sus datos, bajo qué jurisdicción legal residen y quién tiene acceso a ellos. Como resultado, el enfoque en torno a SASE ha evolucionado. Ya no se trata solo de seguridad y rendimiento; la soberanía, la transparencia, la observabilidad mediante IA y un renovado énfasis en la prevención de la pérdida de datos son ahora elementos clave a la hora de evaluar estas soluciones.