La selección de fútbol de España es la que mayor valor posee entre las 32 participantes de la Copa Rusia 18: 650 millones de dólares. 81 veces mayor que aquella que está en el sótano, Panamá.
La alegría panameña se desborda: se celebra el gol de Baloy, en el minuto 78 (para el billete lotérico), mientras perdemos, en forma rotunda, con el marcador de 6-1, frente a la Inglaterra creadora del deporte centenario.
El valor de la Sele, bajo las leyes del mercado, es de 8 millones, en el sótano de la cotización, mientras la vecina Costa Rica, una de las líderes de la federación regional, Concacaf, le supera cinco veces.
Es una proeza que Panamá llegase a Rusia, incluso con viento fantasmal, aunque, como toda proeza, es encomiable, y el técnico, quien debe ser condecorado antes de que regrese a atender la selección ecuatoriana, remarca que ese partido contra Inglaterra (contra y no preposición con) fue duro, difícil y complicado. Respecto a la selección de los Canaleros, como la apodan fuera de nuestras fronteras, los valores de la inglesa y la brasileña son 62 veces más.
Es una ilusión nuestra proeza, sin embargo, no debemos perder el sentido de realidad, si bien necesitamos, en un momento de derrumbe de nuestras instituciones republicanas, un consuelo, ante tanto fiasco e impunidad acumulados. Otros valores de las selecciones, en millones de dólares: México, 150; la Islandia primeriza, 60; Túnez, competidor de nuestro grupo, 30, y Arabia Saudita, 18.
Somos atípicos: los más alegres compadres de las 32 selecciones convocadas en Rusia 18 ocupan el numero 55 en la clasificación mundial de selecciones de la FIFA, que tiene 209 naciones socias, superior a las 193 integrantes de la ONU.
El valor de un futbolista, de una selección, de un producto, es un concepto relativo: frente al deseo humano y los medios disponibles para adquirirlos. En el planeta hay más expectativa por los pasos de Cristiano y Messi que por Román y Baloy, nuestros héroes. La oferta y la demanda son las fuerzas que hacen funcionar al mercado.
En ese campeonato mundial, Panamá es de tercera división. Nos ha tocado patear con un equipo de primera división, tercero del mundo, Bélgica, y otro de segunda división, en la raya con la primera: Inglaterra.
Esa primera división, además de Bélgica, la integran el campeón del mundo y número uno: Alemania, el Reino de la Samba, Ronaldo-Portugal, Messi- Argentina, Suiza, Francia, Polonia, Chile, España y Perú. Doloroso: Chile brilla en su ausencia.En la segunda división, compiten europeos y hermanos latinos: daneses, ingleses, croatas, islandeses, suecos, uruguayos, mexicanos, colombianos, ticos.
Entramos en una diversa tercera división, sin europeos a la vista, y sí de Asia (Corea, Japón), África (Senegal, Marruecos) y Oceanía (Australia). Representamos, como su cintura, a nuestro continente de dolores y alegrías.
Incluso con sus Trump vapulea niños: Nerón contemporáneo.El mundo no es tan coherente como uno quisiera: la nación con mayor desarrollo humano en futbol es #53 (Noruega), mientras que Israel es 93 y Palestina 99.
El autor es periodista y filólogo
