Desde Estados Unidos viajó Jan Bishop para ejecutar el arpa en el concierto de clausura del campamento, al lado de los jóvenes músicos.
La música tiene la habilidad de convertir en pentagrama la vida de quienes toca. Una vez marca la clave, las líneas se vuelven continuas y las notas señalan el camino. Hace 30 años, por iniciativa de Terence Ford, la Asociación Nacional de Conciertos se convirtió en pulidora de pentagramas.
Cuando en el verano de 1986 ejecutó la idea nacida el año anterior, solo participaban jóvenes que eran parte del Plan Juvenil de la Orquesta Sinfónica Nacional. No llegaban a 40. Hoy, 120 futuros músicos de diferentes partes del país son los que en nueve días aprenden nuevas técnicas y comparten su pasión con otros.
Las voces de estos instrumentos también se escucharon en el concierto de clausura de las orquestas del campamento.
Desde Estados Unidos viajó Jan Bishop para ejecutar el arpa en el concierto de clausura del campamento, al lado de los jóvenes músicos.
Víctor Mata, de Venezuela, dirige la orquesta durante la gran noche en la que los campistas demostrarían todo lo aprendido en los 10 días de clases y ensayos.
Algo que disfrutan los jóvenes músicos es poder aprender las técnicas de sus instrumentos y en los conciertos entablar un diálogo musical.
Considerado un violín bajo, y un poco más pequeño que el contrabajo, este instrumento se adapta a cuartetos y orquestas.
La energía que transmite este instrumento de viento metal se dejó sentir en el concierto de la parroquia San José, en El Valle de Antón.
La música para los niños y jóvenes que participan en esta actividad de verano se convierte con el tiempo en una compañera inseparable.
Las voces de estos instrumentos también se escucharon en el concierto de clausura de las orquestas del campamento.
Desde Estados Unidos viajó Jan Bishop para ejecutar el arpa en el concierto de clausura del campamento, al lado de los jóvenes músicos.
Víctor Mata, de Venezuela, dirige la orquesta durante la gran noche en la que los campistas demostrarían todo lo aprendido en los 10 días de clases y ensayos.
Algo que disfrutan los jóvenes músicos es poder aprender las técnicas de sus instrumentos y en los conciertos entablar un diálogo musical.
Considerado un violín bajo, y un poco más pequeño que el contrabajo, este instrumento se adapta a cuartetos y orquestas.
La energía que transmite este instrumento de viento metal se dejó sentir en el concierto de la parroquia San José, en El Valle de Antón.
La música para los niños y jóvenes que participan en esta actividad de verano se convierte con el tiempo en una compañera inseparable.
Las voces de estos instrumentos también se escucharon en el concierto de clausura de las orquestas del campamento.
Este año, las dos orquestas del campamento se presentaron en la parroquia San José, en El Valle de Antón (primera sede del campamento), y en el concierto de clausura, en el Ateneo de la Ciudad del Saber.
En la formación de los chicos participaron alumnos de Oberlin (Ohio, Estados Unidos), y músicos de Costa Rica, Honduras, Venezuela y Panamá.
Y así se va formando la orquesta con vidas jóvenes que van tocando una melodía sin final.