Con el inicio del año escolar se plantearán, nuevamente, muchos de los problemas y limitaciones a las que se enfrentan los docentes. El primero es qué hacer para que los escolares aprendan o justificar el hecho de que no aprenden, porque no estudian suficiente o que se les atribuye el fracaso escolar como consecuencia de de los métodos de enseñanza que posibilitan esos aprendizajes.

Sin embargo, los modelos curriculares no dan al docente suficientes alternativas para potenciar actividades didácticas que permitan al alumnado reconocer distintos puntos de vista y sus ventajas para reestructurar los conocimientos previos.

En este sentido, debemos mirar una nueva propuesta para las aulas de clases, la propuesta de ampliar el horizonte de aprendizaje desde la enseñanza de las ciencias naturales. Desde este enfoque, que tiene que ver con la perspectiva biológica del ser humano, es tácito el que el agua, los alimentos y el oxígeno son recursos vitales. Sin embargo, no nos detenemos a pensar que "eso" es ciencia desde cada espacio de nuestra vida. El entendimiento de este hecho es importante porque la tendencia actual en nuestras sociedades modernas, valora la ciencia como un elemento fundamental y necesario para formar a todos los estudiantes, no solo a los futuros científicos. Esos escolares, como ciudadanos, deben adquirir una formación científica que les permita desarrollarse en una sociedad tecnológicamente avanzada, por tanto, los programas escolares no deben llenarse de contenidos inasimilables sino tener en cuenta los aspectos filosóficos, sociológicos y metodológicos de la ciencia.

La enseñanza de la ciencia debería proporcionar un conocimiento que esté relacionado con la vida diaria de cada niño, niña o joven, y le debe ayudar a resolver los problemas cotidianos. La ciencia debe ayudar a pensar correctamente y a aprender mejor.

Aprender ciencias debe ser, dar sentido a la experiencia, y no solo un sentido que sirva a cada persona sino un sentido compartido por muchos; es decir, el sentido que la ciencia actual da a esta experiencia.

No se trata tanto de experimentar sobre algo que no se conoce sino de ver con ojos nuevos aquello que parecía conocido y, en función de esta mirada, revisar las explicaciones propias. Por tanto, la enseñanza científica debe comportar una reorganización continua, tanto de las experiencias como de las explicaciones que se dan de ellas.

Hagamos ciencias desde nuestros hogares, con nuestros hijos, porque para avanzar en el conocimiento es necesario reconocer las distintas maneras de mirar y de ver, de contrastar los puntos de vista que ellos tienen y sus razonamientos.

Hagamos ciencias en nuestras escuelas porque cada niño tiende a ver un mismo fenómeno de manera diferente y en forma diferente a los adultos, remarcando algunos aspectos por encima de otros. Esa diversidad en las formas de ver las cosas es una cualidad que se debe aprovechar en las aulas, deben valorarse los comentarios de los escolares sobre los temas tratados sin inhibir sus razonamientos y maneras de pensar en ellos.

Hagamos ciencias es una propuesta pedagógica actual, que no desestima las ideas alternativas y los errores, como herramientas útiles y necesarias para aprender. Y, que para aprovechar esas situaciones, es necesario utilizar distintos lenguajes, tanto el verbal como el gráfico.

En consecuencia, al enseñar ciencias, el lenguaje cotidiano es una fuente de puntos de vista nuevos o que reafirma los que se tienen pero, al mismo tiempo, es el medio que se utiliza para contrastar distintas maneras de explicar los modelos estudiados.

Por medio del lenguaje se conocen los argumentos de quien enseña y de los aprendices. Esa discusión que se genere es de gran utilidad para comprobar la fortaleza de los razonamientos propios de cada escolar y, mediante esta, se posibilita su evolución.

Esta interacción con los otros, le permite al maestro, valorar el significado con el que los niños utilizan las palabras y además, observar su aproximación gradual a significados más evolucionados. Esa evolución en la estructura de significados de las palabras, que se da en la escuela, es para Vigostky, el instrumento que favorece el desarrollo del pensamiento, en la que es decisiva la interacción con adultos-jóvenes-otros niños-maestros-padres-expertos por medio del lenguaje.

Por tanto, para que ayudemos a los escolares a aprender, debemos reforzar la enseñanza de las ciencias y en esta, no escapa la intencionalidad del lenguaje. Enseñar ciencias mediante experimentos, es una forma mediante la cual la actividad manipulativa permite a los sentidos captar un conjunto de informaciones que el cerebro selecciona y almacena.

Esa experiencia es tan valiosa como enseñar otras maneras de ver las cosas. Activemos una nueva fórmula de enseñar haciendo ciencias con nuestros niños y niñas; reelaborando el saber científico hacia la curiosidad y la indagación. ¡Hagamos más ciencia maestros!