En el mundo romano antiguo (siglo I a.C.), la educación de los niños en su primera etapa, era confiada a un hombre de baja condición social, generalmente un liberto (esclavo liberado por su dueño) o un esclavo. Este podía imponer disciplina a base de una férula (regleta) y, el salario que cobraba por el trabajo era ínfimo pero tenía la obligación de cumplir con la función de enseñar a leer, escribir y contar. Tarea que realizaba con una metodología en la que invertía muchos años, además de que era lenta y aburrida.

Esos estudios debían terminar entre los diez o doce años y a partir de ese momento, casi en exclusiva, solo los hijos de familias pudientes pasaban a recibir una enseñanza más "integral". Su profesor, llamado grammaticus, era un hombre más considerado y mejor retribuido que el litterator. Ellos usaban una metodología en la que escogían una obra de alguno de los autores clásicos (Homero, Sófocles, Cicerón, etc.), y su comentario lo manejaban de forma paralela al estudio de otras disciplinas, como la mitología, historia, geografía, astronomía, otras. Aunque de forma muy superficial, ese estudio descubría a aquellos jóvenes que deseaban prepararse para la vida pública o para ejercer la abogacía.

Ese nuevo aprendizaje, en las escuelas romanas, debía ser realizado a imitación de las escuelas que existían en Grecia. Sin embargo, allí los profesores, rhetores, practicaban una enseñaza sometida a las normas establecidas por el imperio y caracterizadas por la falta de libertad de expresión. Ellos tomaban para el estudio, temas muy alejados de los problemas reales. Por regla general, eran artificiosos y rebuscados, lo que resultaba anacrónico para el sistema educativo. A pesar de que todo alumno debía dominar la argumentación o discurso deliberativo y la controversia o debate, la oratoria se convirtió en un arte vacío y artificial.

¿Esa realidad pasada se asemeja a la vida actual o es pura coincidencia? Haga usted mismo sus comparaciones. Tenemos escuelas que se reservan para los hijos de las familias que pueden pagar. Esos escolares en la etapa de la escuela ludus litterarius, reciben una enseñanza clásica; adjetivo que en sentido etimológico significa "de primera clase". Ellos tienen profesores mejor retribuidos y reciben enseñazas más ¿integrales? A pesar de todo esto, los jóvenes en la tercera etapa escolar o de la escuela retórica, aun, siendo de familias pudientes –porque pueden pagar esos estudios-, como dijo Séneca: Non vital sed scholae discimus, "no aprenden para la vida, sino para la escuela". ¿O será que estoy equivocada?

Yo le pregunto a usted, ¿pueden todos los jóvenes que recién egresan de la escuela media panameña, justificar el modo de actuar de personajes de la vida pública local o internacional, mediante argumentos sólidos en pro o en contra?, por ejemplo: ¿debe el ministro de Salud y/o el director de la CSS, dejar su puesto para conseguir calmar la ira de un pueblo que clama justicia por los muertos y así permitir que el Ministerio Público realice las investigaciones del caso sin ningún tipo de presiones? ¿qué razones tienen las personas de la tercera edad para decir que sienten una campaña de gobiernos (porque no señalan solo al actual) para acabarlos, con acciones como el envenenamiento que ha cobrado tantas vidas de adultos mayores o la mala atención que les dan en los servicios de salud o al no tener medicinas para sus enfermedades o al no ser considerados para un aumento de la pensión, ante tanto despilfarro gubernamental y lo antagónico que resulta observar la cantidad de jubilados de la tercera edad que se encuentran trabajando en el actual gobierno?

¿Están esos jóvenes preparados para defender tesis opuestas sobre ese problema o cualquier otro, real o imaginario, en casos civiles o criminales, que le acrediten como simple ciudadano que ejerce su derecho de participación? ¿En qué lugar se forman los ciudadanos panameños?, ¿cuándo los currículos responderán a las necesidades de la vida diaria de las personas?, ¿qué están haciendo las autoridades para dar a esos jóvenes más oportunidades?… Como esas, son muchas las preguntas que podemos hacer y no encontraremos una respuesta objetiva.

Y usted, ciudadano formado hace tiempo, ¿puede hacer esos análisis? Si la respuesta es positiva, ¿dónde está que no participa? Yo, estoy aquí, dentro de un palacio de intrincados recovecos construidos por el sistema educativo prevalente. Voluntariamente ofrecida para enfrentarme al Minotauro de la ignorancia antes de que me aniquile. Igual que usted, que se interesa por la educación actual en forma verdadera. ¿Qué hacemos los ciudadanos para salir de este palacio retorcido que nos han construido los políticos de nuestro país?

Debemos seguir aquí, soltando del hilo del ovillo a medida que nos adentramos en el laberinto, para no perdernos y poder salir cuando venzamos al monstruo. Y, ¿si perecemos en el intento? Allí dejamos el hilo que hemos soltado en nuestro recorrido… Muchos aún están fuera, sin atreverse a entrar y enfrentar al Minotauro. ¡Un día lo harán! Alguien lo vencerá, vencerá la verdadera democracia, la del pueblo y allí estará el hilo de Ariadna para que pueda salir sano y salvo de tan intrincado lugar.