A menudo me encuentro con pescadores que me comentan cómo cada vez les es más difícil hallar peces. No hace tanto, las salidas de los barcos artesanales duraban dos o tres días que bastaban para llenar sus congeladores, ahora tienen que salir hasta por 10 días y aún así frecuentemente vuelven sin mucha pesca.
Contrario a la reacción inicial, no es cuestión de aumentar los sitios de pesca, o de mejorar las tecnologías extractoras (y en algunos casos destructivas), se trata de afrontar y tomar medidas para lo que se ha advertido por años, pero nadie pareció escuchar. El recurso pesquero es finito, no hay pescado para tanto pescador, mucho menos si nos dedicamos a destruir sus sitios de reproducción. Es algo muy sencillo, no hace falta ser biólogo para comprenderlo.
Comentan los pescadores deportivos cómo ahora al ir de pesca llevan la caña en una mano y el cuchillo en la otra, no para limpiar el pescado, sino para cortar las líneas de palangre que constantemente interrumpen su navegación. De seguir así, dentro de poco les irá mejor si salen solo con el cuchillo, porque ni con la caña ni el arpón hallarán nada.
Clara es, la destrucción de los ecosistemas marinos, el mal manejo, la devastación costera, y por supuesto, el implacable deseo que tenemos de sacar todo lo que podamos del mar, "antes de que se acabe". Estas actitudes, compartidas en todos los estratos y países del mundo, sumado a los problemas socioeconómicos que llevan a más personas a ser pescadores, a falta de otra solución, son una fórmula que nos ha llevado a lo que tenemos hoy. Una crisis pesquera y social.
A fuerza de ser una ambientalista con complejo de optimista, creo que aún podemos tomar medidas para mejorar la situación en que tan informadamente nos hemos metido. Sabemos que hace falta tener más datos científicos para el manejo de los recursos marinos, así mismo sabemos que ante la falta de estos debemos aplicar el principio precautorio, pero insistimos en la extracción implacable, con artes destructivas y desmedidas. Ya lo último es que hasta se quiere legalizar la pesca industrial en áreas protegidas y zonas de manejo. No parecemos entender que las Áreas Marinas Protegidas precisamente tienen la función de tratar de mitigar el impacto negativo de lo que se hace fuera de ellas. La solución no es "comerse" las áreas protegidas, es manejarlas y manejar aún mucho mejor lo que no está protegido. De lo contrario, acabamos con todo.
La información existe, los planes están, lo que falta es aplicar el conocimiento, las leyes y el tan elusivo "sentido común", eso sí, no he dicho que sea tarea fácil, pero de que es posible, es posible, ... y después de todo, ¿cuál es la duda?, no es que tenemos muchas opciones. Por mi parte, sentarme a ver cómo se acaban los recursos con aire derrotista, no es mi estilo. Así pues, cuando me preguntan por qué se está acabando el pescado, no puedo menos que decir, "Se acabó porque, sencillamente, nos lo acabamos todo". Ahí no hay misterio.