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DEPREDACIÓN MARINA

¿Se nos acabó la cuerda?

Hace poco leí un libro de esos que cuando lo acabas, lo empiezas a leer inmediatamente de nuevo. Se llama The end of the line, el final de la línea, de Charles Clover. El libro explica clara y gráficamente el efecto que ha tenido la sobre pesca en las fuentes de alimento provenientes del mar. A diferencia de otros, el escritor no se dedica a solo presentar los problemas, sino que propone acciones prácticas y accesibles para solucionarlos. Durante la narración, el autor expone muy bien el desarrollo que tuvo la práctica de pesca industrial, que surgió apenas en 1950 y cómo ahora ha “evolucionado” hasta una serie de técnicas de alta tecnología que “peinan” el mar con redes del tamaño de canchas de fútbol, sin que de ellas escape nada.

El mensaje del libro es muy sencillo. Estamos consumiendo peces y productos marinos mucho más rápido de lo que éstos pueden reproducirse.

Al ritmo con que estamos pescando se estima que nos quedaremos sin esta fuente de alimento para el año 2048. Esta situación se agrava si consideramos que demasiadas veces, las decisiones de cómo, cuánto y dónde extraer el recurso son basadas en el deseo de riqueza fácil, careciendo esta decisión completamente de visión, sin considerar el bien común, la ciencia ni la sostenibilidad de estos recursos. Todo esto sumado a un significativo aumento en la demanda de productos del mar, ha traído como resultado una escasez de recursos marinos sin precedentes. Lo cierto, lo queramos aceptar o no, es que el 90% de los grandes peces del océano ya no existen. Obviamente algo estamos haciendo mal.

Los que vivimos en el paraíso llamado ciudad de Panamá, no nos damos por aludidos sobre la situación que está afectándonos, y a algunos países al punto de ya sufrir de hambrunas. ¡En Panamá, el 70% de lo que sacamos del mar lo exportamos!, para esto muchos usan redes, explosivos, veneno… lo que sea y como sea, con tal de poder vender más. Sacrificamos el bienestar local y regional, aunque no lo veamos aún, para beneficiar a unos pocos.

Increíblemente, el pescado está de cuarto en nuestra lista como fuente de proteínas. Tenemos kilómetros de rico mar en ambas costas y lo contaminamos con petróleo, pesticidas, erosión; destruimos los mangles (los riñones del mar), y para que no quede duda de que estamos en una misión para acabar con todo este recurso que se nos ha dado gratis, cambiamos las leyes de las pocas áreas marinas protegidas que tenemos, para poder extraer hasta el último pescado… no sea que encuentren algún refugio y puedan reproducirse en paz y que vaya a quedar algo para los que nos siguen.

Aún estamos a tiempo de no perder del todo los beneficios económicos y ambientales que nos dan nuestros recursos marinos, pero tenemos que poner su adecuada administración como tema prioritario y tomar las medidas necesarias ya, no cuando no quede nada.

Todos jugamos un papel en lo que está pasando a nuestro alrededor. Los responsables de las malas prácticas atienden las demandas de los consumidores. Como bien dice Clover en su libro, ¿cuánto tiempo más vamos a ser cómplices de esta situación y permitir que los menús de nuestros restaurantes ofrezcan al equivalente marino del panda, gorila o rinoceronte consumiendo especies marinas en peligro de extinción sin que nadie se dé por aludido?

Los que se benefician de este descalabro y falta de fiscalización, pregonan que no hay crisis pesquera, o que el mar se “recuperará solo”. Señores, no hay peor ciego que el que no quiere ver. Seamos consumidores responsables y velemos porque nuestros recursos naturales sean manejados inteligentemente, con medidas de conservación y uso sostenible. Los recursos naturales sirven al hombre, pero solo mientras estén ahí. Si los acabamos, acabamos con nuestra forma de vida. El momento es ahora, 1948 está a la vuelta de la esquina.


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