En política, valerse de insultos, desacreditación, denuncias y cualquier método para alcanzar el poder, sin presentar propuestas concretas que resuelvan los problemas de fondo que allanen el camino para el desarrollo del país, es una falta de respeto al intelecto del pueblo. Es hora de que entendamos que el voto es un acto de soberanía, mediante el cual otorgo mi consentimiento para que determinada persona o grupo de personas ejerza el poder y rija los destinos del país, porque sus planes o proyectos a corto y largo plazo resultan a mi parecer alcanzables y contribuirán, ya sea directa o indirectamente, a que parte de un conglomerado social tenga mejores condiciones para alcanzar el bienestar propio y de mi familia.
Los problemas de la sociedad no los resuelve una bolsa de comida, un suéter, una gorra, un cupón de gasolina, el ron, cuatro bloques, dos sacos de cemento, un colchón barato, ni los miles de dólares en propaganda que raya en lo circense. Es una falta de respeto al intelecto del pueblo, porque lo que refleja es incompetencia e ignorancia de los candidatos y su equipo respecto a los temas, y tratan de valerse de la demagogia para lograr adeptos. Primero definamos los tres conceptos, para luego explicar el porqué.
Incompetencia es no tener capacidad para resolver algo; ignorancia, cuando se aplica a un contenido concreto significa “no saber algo determinado”, frente al conocimiento de otras muchas cosas o “tener un conocimiento imperfecto sobre algo”; demagogia, es una estrategia política que consiste en apelar a emociones (sentimientos, amores, odios, miedos, deseos) para ganar el apoyo popular, frecuentemente mediante el uso de la retórica y la propaganda. Con un ejemplo lo podemos demostrar: ante el problema de la inseguridad “mano dura” “calles seguras”, sin importar el nombre, simplemente significa aumento de penas, más policías y mayor poder del cuerpo armado.
Seríamos ingenuos, si creemos que esto resuelve el problema. Pueden imponer la pena de muerte y que la Policía Nacional continúe torturando y violando las garantías fundamentales sin control; pueden cambiar los revólveres por ametralladoras pero los niveles de delincuencia no bajaran, porque los supuestos expertos que asesoran a quienes gritan estas locuras, ni siquiera conocen el verdadero significado de la palabra “Política Criminal”, de la que ha carecido nuestro país en sus 106 años como República, menos pueden imaginar el trabajo integral primario en otros temas íntimamente ligados a este problema que resultan en su génesis.
Hay que tener cuidado con los sujetos y sus asesores que tratan de acceder al poder, a toda costa, que no buscan el bienestar del pueblo sino satisfacer intereses personales, ya que son una versión perversa de lo que definió sir Thomas Edward Lawrence cuando expresó: “Existen dos clases de hombres: aquellos que duermen y sueñan de noche y aquellos que sueñan despiertos y de día… esos son peligrosos, porque no cederán hasta ver sus sueños convertidos en realidad”.