Cuando escucho los debates sobre la necesidad de ampliar nuestro Canal para poder competir en este mundo globalizado, y no quedarnos a la zaga del quehacer marítimo mundial, no puedo dejar de pensar en si el Canal es para beneficio del país o el país es para beneficio del Canal. Y, es que no puedo dejar de preguntar: ¿resolverá esa ampliación del Canal los problemas de los panameños? Para encontrar la respuesta, quiero compartir mis pensamientos en "voz alta".

Primero revisaba cómo en esta última década, todos hemos visto las paradojas que caracterizan al Panamá de hoy.

Hemos observado los esfuerzos específicos de integración regional por un lado, pero, por el otro, presenciamos las luchas entre diversos grupos humanos dentro de esos mismos países con los que buscamos integrarnos.

Entre esos países, hay un par, desarrollados, con grandes avances científicos y tecnológicos. Pero pienso, que esos mismos elementos a los que no podemos acceder con la misma facilidad que ellos, profundizan nuestro aislamiento y situación de debilidad, que es difícil superar. Esto puede ser para los nuestros, una forma de exclusión económica y social.

Después recordaba cómo en la actualidad tenemos zonas indígenas, donde un número significativo de personas vive en pobreza absoluta; otras más pasan hambre todos los días y muchísimos niños menores de cinco años están desnutridos.

Esta pobreza y exclusión parecen ser la contracara de la opulencia y el derroche que observamos en ciertas zonas de la ciudad de Panamá. Sin embargo, esa grave situación no se limita a las regiones alejadas de los centros urbanos, donde crece el desempleo, la pobreza y la marginalidad social, aumentan la criminalidad juvenil, la violencia y la inseguridad y los problemas de transporte, salud y vivienda alcanzan a una importante proporción de la población.

Mi siguiente pensamiento me llevó a concluir que tenemos un crecimiento económico lento, un Estado de bienestar en retirada y altos niveles de desocupación.

Es decir, que podemos ser "la sociedad de los dos tercios de Peter Glotz", pero invertida; donde dos terceras partes de la población está desempleada o subempleada, con trabajos precarios, mal pagados y marginados de la participación plena en la vida social y política, y el tercio restante es el que tiene trabajo y acceso al consumo. Es en estas situaciones de inequidad e injusticia social donde desembocan formas de violencia generalizada, sea individual, cuando una mujer es asesinada por su pareja por ejemplo, sea colectiva, como las vendettas, ajusticiamientos o guerras de pandillas.

Me gustaría que alguien me contestara si pregunto: ¿será justo tener el país para un Canal, ante el rechazo global e indiscriminado en nombre de un modelo de desarrollo, cuyos beneficios no son tangibles para los grupos marginados y cuyos costos, en cambio, son claramente perceptibles? Quisiera que alguien me explicara, ¿cómo se resolverán todos esos problemas de país de tercer mundo que tenemos los que formamos parte de esos "dos tercios", para poder considerar que el Canal será para el país de primer mundo en el que se convertiría Panamá? Aun, no logro entender si el Canal de los panameños será para beneficio del país o el país será para beneficio del Canal. Usted que opina, ¿quién responderá?