En los últimos días se ha hablado mucho de las niñas embarazadas que asisten a los colegios y escuelas del país. Esta situación se ha cuestionado, porque se trata de encontrar la razón o los culpables, del aumento de los índices de madres adolescentes. Sin embargo, lo que debemos hacer todos los ciudadanos es entender algunos aspectos que nos lleven a reflexionar sobre el papel de cada uno, en esta cadena de culpabilidades.

Primero, es necesario entender que la niñez es un término que suele referirse solo a los aspectos biológicos de una etapa del desarrollo humano, la cual abarca desde el nacimiento hasta la pubertad (doce a trece años aproximadamente). La infancia, en cambio, es un término en el que se incluyen, además, los aspectos psicológicos de ese desarrollo. Después, durante la infancia, se desarrollan todas las capacidades del ser humano: primero, mediante actividades lúdicas, y después, mediante el aprendizaje sistematizado en la vida familiar y en la escuela. En este período de la vida, los aprendizajes tienen lugar en contacto con el adulto y los demás niños y niñas; por eso son tan importantes los contactos sociales.

Finalmente, se debe ver que dentro de esa infancia, existen varias etapas, pero en la última de ellas, que empieza después de los seis-siete y se extiende hasta los once-doce años, se evidencia la evolución del pensamiento mágico hacia un pensamiento lógico. El niño o la niña, se va haciendo realista, porque es la fase del asentamiento definitivo de las costumbres. Allí, deben darse las enseñanzas sistemáticas y los juegos organizados que lo van haciendo madurar en el aspecto social. Es en esa etapa donde los modelos sociales: padres, madres, maestros, amigos, artistas, juegan un papel importante.

¿Qué enseñanza sistematizada recibe una niña entre los seis y doce años? Véase el caso de las acciones de los padres. ¿Cuál es el mensaje que envía la mayoría de los padres a sus hijos sobre la necesidad de decir la verdad y no engañar, de ser rectos y justos? Para encontrar respuesta a esta interrogante, inmediatamente recordé el chiste del niño que le dice al papá: te llaman por teléfono del banco papi. El papá le hace señas para hacer silencio y le dice en voz baja: dile que no estoy. El niño toma la bocina del teléfono y le dice a quien llama: mi papá dice que no está. ¿Chiste o realidad? Así, se pueden enlistar otros momentos de la vida familiar donde decir mentiras, engañar o ser injustos, es la tónica a seguir. ¿Cómo esperar que una niña no le mienta a la madre sobre evadir su responsabilidad escolar? O es que a veces las mentiras se permiten.

¿Qué enseñanza sistematizada recibe una niña entre los seis y doce años? Véase el caso de las telenovelas. ¿Cuáles son los mensajes que envían la mayoría de estos programas sobre la prudencia, la vergüenza, la vanidad y el valor por la propia imagen de la mujer? Inmediatamente recordé que el viernes pasado, entre 2:30 y 3:00 de la tarde sintonicé un canal de televisión local y mi sorpresa fue la escena encontrada a esa hora: mostraba una bailarina de "tubo" casi desnuda, y no exagero, porque solo tenía un diminuto hilo dental por atuendo. Con ese fondo, otras dos jovencitas "subastaban" sus servicios a un asistente del local; la que ofreció más por menos dinero ganó la apuesta. Si ese tipo de imágenes, con mensajes reiterativos sobre la comercialización del cuerpo femenino se siguen dando, en momentos en que las niñas están viendo televisión, qué podemos esperar como "enseñanzas sistemáticas y los juegos organizados que lo van haciendo madurar en el aspecto social".

El problema de las niñas embarazadas, desde mi perspectiva, es un problema de valores de nuestra sociedad panameña. Valores que pueden ser espirituales, religiosos, útiles o vitales, según los proponen diversos filósofos, pero que son realizables en hechos materiales. El bien, la belleza, la justicia y la verdad se perciben en hechos, en cosas y en situaciones. Con frecuencia, esos valores son transmitidos o impuestos para regular la conducta de las personas, pero hay otros valores, que se construyen de manera personal porque son producto de la reflexión y la experiencia de la vida de cada uno. Eso tenemos que lograr: educar en la sexualidad de forma paralela a la educación en valores, pero valores que se vivan, que se vean y se sientan, porque son modelos a seguir.

Uno de los principales valores que debe construir la escuela es el de la convivencia social. Este se relaciona con la tolerancia, la solidaridad y aceptar al semejante en su dignidad de persona. Preguntemos a las adolescentes embarazadas, qué quieren hacer ellas. ¡Podríamos llevarnos una sorpresa!