En Estados Unidos, después de ocurrir un hecho funesto similar al de nuestro país con el uso del alcohol tóxico, al año siguiente establecieron el Decreto de Medicamentos, Alimentos y Cosméticos, que propició la creación de la Administración de Medicamentos y Alimentos.

En Panamá, en lugar de establecer requisitos regulatorios cada vez más rigurosos, es evidente la flexibilidad excesiva en las exigencias del registro sanitario de los medicamentos que pretenden comercializar. Una muestra es mantener vigentes los artículos 197 y 198 de la Ley 45 de 31 de octubre de 2007, que de forma paradójica dicta normas sobre protección al consumidor; sin embargo, lo que propone es desconocer lacertificación de oferentes y el cumplimiento del registro sanitario de los productos farmacéuticos y medicamentosos, entre otros exabruptos.

El gobierno de turno, en lugar de eliminar estos artículos, adelanta una reforma a la Ley 1 de 10 de enero de 2001, que dicta normas sobre medicinas y otros productos para la salud, con el lema de “esta vaina va, porque va”, en donde reafirma lo establecido en la Ley 45, so pretexto de que a los productos que procedan de países con tecnología de punta se les debe eximir del registro sanitario.

¿Acaso no saben que algunos productos farmacéuticos se fabrican sin cumplir con las buenas prácticas de fabricación en países con tecnología y recurso humano, con escasa o nula preparación en la materia, y que esos mismos productos “a granel” se envasan y rotulan en otros países que presumen poseer tecnología de punta? ¿Sabrán acaso que el 1% de los productos farmacéuticos fabricados en EU es falso? ¿Y que más del 10% de las medicinas fabricadas en el mundo son falsas, según la Organización Mundial de la Salud?

Triste y lamentable es que profesionales del sector salud se hayan convertido en adláteres del actual gobierno avalando lo anterior, y otros hayan afirmado que el registro sanitario debe ser gratuito, como si los reactivos que se utilizan para el análisis de los medicamentos fueran hechos con agua de la bahía de Panamá.

Lo que debe procurarse es dotar al Instituto Especializado de Análisis de más equipo y reactivos, y nombrar más personal para aumentar la cantidad de productos que se analizan diariamente. La comisión establecida para las pretendidas reformas a la Ley 1 ha propuesto que se limite a solo ocho horas la presencia de un farmacéutico idóneo en una farmacia, aunque el servicio que brinde sea de 24 horas. La justificación es que no hay suficientes profesionales graduados para cumplir con lo que exige la actual ley. Si realmente les preocupa la salud de los panameños, propongan que las partidas que se asignen a la Universidad de Panamá sean suficientes para construir aulas y laboratorios bien dotados, con equipos y reactivos, para aumentar así la cantidad de egresados.

Otro miembro de esa mesa propuso que los médicos podrían realizar algunas de las funciones consagradas a los farmacéuticos. Respeto su propuesta y reconozco que los médicos y especialistas, en términos generales, conocen a cabalidad los medicamentos en el ámbito de su competencia, pero quienes poseen la sapiencia acerca de los fármacos desde su obtención, selección, investigación y desarrollo, preparación, fabricación, estudios de estabilidad, control de calidad, almacenamiento y distribución, acción farmacológica, farmacodinamia, efectos colaterales y toxicidad, así como atención farmacéutica, farmacovigilancia, farmacocinética y otras especialidades, somos los farmacéuticos.

Alguien escribió que cuando prescribe se le antoja escribir al margen: “por favor, no despachar líquido de radiador con dietilene glycol”, dejando entrever que la culpa de lo ocurrido fue de los farmacéuticos y que, además, para recetar acata lo que le dice su secretaria.

Quien dirige la producción de medicinas jamás puede estar al frente del Departamento de Análisis, eso sería ser juez y parte del proceso de fabricación; eso lo estableció la OMS como garantía para el cumplimiento de las buenas prácticas de fabricación. La farmacéutica imputada en este nefasto suceso era la jefa de producción, no la jefa del Departamento de Análisis. Es necesario que nos mantengamos prestos a defender el derecho a la salud que tenemos todos.