La vida está llena de contrastes; mientras unos ríen, otros lloran; mientras unos callan, otros hablan; mientras unos edifican, otros destruyen, y así se dan las secuencias en este mundo. Inicio con esta reflexión, porque mientras unos se preparaban para celebrar el día más importante de la feria de San José de David, acá, en la capital, un guerrero de la democracia, la justicia y la libertad, entregaba su alma al Creador.
Me estoy refiriendo a un ser humano con una personalidad extraordinaria; con un carácter recio, pero humilde a la vez. Durante la campaña presidencial de 1989, los militantes del Partido Revolucionario Democrático tenían como lema que “los panameños escogen a panameños”. Ese mensaje era una clara alusión a la nómina de la Alianza Democrática de Oposición Civilista, a quien los militares y su brazo político, el PRD, acusaban de entreguista a los intereses de Estados Unidos.
En una concentración política, a principios de abril de 1989, el candidato a la segunda vicepresidencia le contestó de esta manera: “Miren cómo andan nuestros adversarios; no entiendo cómo ellos dicen que panameño escoge a panameño. ¡No señores, así no es la vaina, panameño escoge a panameña y yo tengo la mía, carajo! El personaje le hablaba con doble sentido a esos que utilizaban siempre un falso nacionalismo para convencer a las masas.
Recuerdo que en uno de los videos recuperados del desaparecido Cuartel Central salía un personaje del PRD expresando que; “señores, si no hay plata para la campaña política, utilicemos lo de siempre, el Canal de Panamá y el nacionalismo para convencer a los votantes”.
Las expresiones lanzadas con anterioridad guardan relación con ese gran patriota, con esa persona que rechazó los ofrecimientos de los militares golpistas de 1968. Después del rompimiento constitucional él se puso, de inmediato, del lado de aquellos que fueron perseguidos por el simple pecado de luchar para que se respetara la vida institucional y democrática de la nación. Los tres candidatos de oposición, Guillermo Endara Galimany, Ricardo Arias Calderón y Guillermo Ford Boyd firmaron un pacto de sangre. El punto central de ese acuerdo fue la lucha, hasta la muerte, para recuperar la democracia, la libertad y la justicia que se encontraban prisioneras de los militares y sus hijos políticos del PRD.
Esos valientes panameños dieron muestras de honor, de hidalguía, de respeto, de responsabilidad y de civismo. En otros tiempos y con lo que pasó en la plaza de Santa Ana, aquel 10 de mayo de 1989, ellos hubiesen corrido a esconderse en una embajada, pero no, pusieron su pecho para darle cumplimiento a ese pacto de sangre.
Fue el gobierno de Endara el que le devolvió la carrera administrativa al pueblo y le correspondió a Guillermo Ford Boyd, como presidente encargado, sancionar la Ley 9 de 20 de junio de 1994.
Endara, Arias y Ford ganaron las elecciones de mayo de 1989. Fue lastimoso que los militares y el PRD no aceptaran la derrota. Alguien me contó que varios asesores aconsejaron a Endara que le devolviera el mismo paquetazo al PRD en las elecciones de mayo de 1994, pero él y Guillermo Ford rechazaron esa propuesta, argumentando que hacerlo sería como caer en las prácticas antidemocráticas de su adversario.
Cuando ellos llegaron al poder el país estaba inmerso en la crisis más grande jamás vivida. Los expertos vaticinaban que a Panamá le tomaría entre 10 y 15 años recuperarse económicamente. Guillermo Ford, como ministro de Planificación y Política Económica, hoy Economía y Finanzas, trazó la ruta indicada por el presidente Endara. Con un Rubén Carles en la Contraloría y con sabias decisiones, el país rugía de nuevo pasados dos años y medio de gobierno. Ellos sentaron las bases de la democracia y le dieron vida a la fuerza y pujanza que hoy vive Panamá.
Durante sus cuatro años y medio de gobierno, no empeñaron ni hipotecaron al país, a pesar de cómo lo encontraron. Ello se logró gracias a una política correcta y sana. No mi amigo, Guillermo Ford, esta vaina no se acabó; ahora es que cobra más fuerza su lema para seguir luchando y continuar fortaleciendo las bases democráticas de esta tierra.