De manera sigilosa, llevando en sus manos una vela encendida, un ladrón llega a las 2:00 a.m., a la iglesia de Tucutí para robarse la imagen de Cristo.
Logrado su cometido, pero con el peso de la culpa en su conciencia, busca desesperadamente a una pareja que haya sido casada bajo los ritos de la Iglesia para entregarles la imagen plagiada, además de 33 monedas de 10 centavos cada una.
Mientras entrega la imagen, les pide que la retornen a la iglesia el Viernes Santo después de las 3:00 p.m.
Esta escena se desarrolla el Jueves Santo en la comunidad de Tucutí, a orillas del río Balsas, en el distrito de Chepigana, cuyos moradores persisten en mantener íntegra sus costumbres y tradiciones de Semana Santa.
Tucutí es una comunidad de aproximadamente 800 habitantes, en su mayoría negros e indígenas, que se prepara con antelación para conmemorar la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, afirma Nemecia Gálvez, una de sus residentes.

