Para los azuerenses, pero sobre todo para el santeño, los cohetes, voladores, mechas y morteros se han convertido en un símbolo de poder social.

Así como la relevancia familiar se medía por la cantidad de gente que iba al entierro de un pariente, las familias con mayores recursos económicos hoy muestran su prominencia quemando cohetes y voladores en los eventos sociales.

Como dice el sociólogo santeño Milciades Pinzón, el mejor ejemplo de este fenómeno se puede apreciar en los carnavales tableños, en donde las tunas muestran su categoría y poderío recurriendo a los prodigios de la pirotecnia.

Pinzón aseguró que la costumbre de esos juegos surgió como una diversión en una zona que antaño tenía pocos ratos de ocio, ya que los mismos se reducían a las escasas fiestas patronales.

“Las demostraciones pirotécnicas eran unas de las pocas ocasiones en las que el hombre podía romper con la monotonía del campo”, explicó.

Recordó que estos juegos de luces y de sonido resultaban divertidos, pero también se les antojaban “mágicos”, prodigiosos.