El desequilibrio existente entre las reclamaciones de la sociedad civil y la capacidad de reacción de las élites políticas y económicas obstaculiza el desarrollo de la democracia en Latinoamérica, según el Índice de Transformación presentado ayer por la Fundación Bertelsmann.
El informe, elaborado por la fundación alemana cada dos años, analiza la calidad de la democracia, la economía de mercado y la dirección política en 129 países en desarrollo.
Según el estudio, las protestas ocurridas en los últimos meses en países como Chile y Brasil son reflejo del desequilibro entre dirigentes y sociedad civil.
De acuerdo con el informe, los problemas que azotan a Latinoamérica son la desigualdad social, la dependencia de la exportación de materias primas y la erosión de las estructuras estatales.
Del mismo modo, los crecientes desafíos políticos, económicos y sociales llevaron también a los gobiernos centroamericanos y andinos “al límite de su capacidad”.
Según el índice, la región permaneció de 2011 hasta finales de 2013 sin cambios y solo Colombia experimentó un cambio positivo significativo, mientras que México, Venezuela, Paraguay, Panamá y Guatemala sufrieron una regresión en sus procesos de transformación.
Uruguay fue alabado por su capacidad para responder con moderación a los conflictos y a las tensiones sociales y para promover procesos de participación civil.
A nivel global, el informe pronostica que continuarán las protestas sociales ante la debilidad de la democratización y del crecimiento inclusivo en muchos países, donde las élites políticas y económicas continúan rechazando hacer cambios.
El abuso del poder político no se limita a los Estados autoritarios y en 59 de las 79 democracias estudiadas se observaron comportamientos que afectan a la libertad de prensa, la existencia de elecciones justas, la seguridad legal o la separación de poderes.

