La Fundación Amador, una organización sin fines de lucro que impulsa la construcción del Museo de la Biodiversidad: Panamá Puente del Vida, obtuvo de la pasada administración 40 millones de dólares para su construcción.

Y su manejo está siendo escrupulosamente fiscalizado. Así, hay tres instituciones que participan en la fiscalización de los dineros: la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI), la Contraloría y el Banco Nacional de Panamá (BNP).

La función de estas entidades es verificar y aprobar los gastos de la obra. Si la oficina en California del famoso arquitecto Frank Gehry –quien diseña la estructura– emite una orden de cobro por sus servicios, la Fundación Amador revisa la factura junto al delegado de la Contraloría.

Luego, la factura revisada es enviada a la ARI para su aprobación. Después, se solicita al BNP que libere los fondos y el banco transfiere el dinero al banco en California.

Para gastos locales como asesorías hechas por universidades, por ejemplo, el procedimiento es el mismo; excepto que al liberar los fondos, el BNP los deposita en la cuenta que tiene la fundación.

Desde que se convirtió en el director ejecutivo de la fundación a tiempo completo, Eisenmann devenga un salario.