No salir humillado.

Eses es el nombre del juego para Hernán Bolillo Gómez en su tercera presentación bajo los focos de una Copa Mundial como técnico principal.

Con cinco o cuatro defensas, son cuatro o cinco goles de diferencia entre Panamá y Bélgica y eso no debiera molestar ni sorprender a nadie.

Son niveles y realidades, y Panamá, que espera utilizar el trampolín de la Copa del Mundo para poder colocar a uno de sus jugadores en las principales ligas europeas, se enfrenta a una selección plagada de estrellas que día a día compiten en los mejores clubes del mundo.

La pregunta es, ¿cómo afrontar esa realidad?

Está claro que Bolillo no va a querer jugarse el prestigio que ya recuperó al volver a clasificar a una nación a su primer Mundial.

Por eso la duda entre la experiencia y juventud, el atrevimiento o cuidado defensivo para afrontar el primer partido del Mundial.

Bolillo sabe que una caída estrepitosa podría cambiar el panorama festivo que acompaña a la selección, por lo que la imagen que se deja en Rusia es tan importante como la clasificación.

Ahora, Panamá no tiene nada que perder, dirán algunos.

Es solo disfrutar y aprender.

Error gravísimo si vamos con esa mentalidad.

Decía un colega belga que Panamá es el equipo más feliz y entusiasta de todo el Mundial, y así debería ser.

Pero también es importante la forma, el cómo se comporta uno en la fiesta más importante del deporte en el mundo y es aquí donde Panamá tiene el reto de demostrar que tiene la ropa adecuada para poder pararse al lado de las selecciones de clase mundial, sin lucir mal.

El autor periodista