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Entrega especial

Dante en Ucrania - Tortura, una fosa común y la fuga hacia Bielorrusia

Dante en Ucrania - Tortura, una fosa común y la fuga hacia Bielorrusia
Imagen generada con herramientas de inteligencia artificial

prensa.com

Dante en Ucrania

Tortura,
una fosa común
y la fuga hacia
Bielorrusia

Última Entrega

A pasos de alcanzar la libertad, Dante y Connor cometieron un último error. Lo que encontraron en la frontera entre Ucrania y Bielorrusia desencadenó una secuencia de horrores que ninguno de los dos estaba preparado para enfrentar.

En el tramo final de su escape de Ucrania, Dante y Connor se aproximaban a Chernóbil, el sitio del trágico desastre nuclear de la era soviética con terribles escapes de radiación. Trataron de no acercarse mucho. No faltaba tanto para alcanzar la frontera. Iban dichosos, habían sobrevivido lo impensable.

— Por esta parte aquí, no sé exactamente dónde — me indicó Dante con el mapa que teníamos a mano señalando un área que podría estar en los alrededores de Chernigov —; por esta zona nos topamos con el campamento.

— ¿Qué campamento? — indagué.

— Uno ruso. Te explico: la geografía ya se estaba poniendo más accidentada. Connor me explicó que no podíamos ir por la izquierda porque estaba Chernóbil. Si nos íbamos más a la derecha, esa área estaba plagada de rusos y sus patrullas. El detalle es que ese campamento no era como otros que antes habíamos visto. En vez de ser cuadrado, por decir algo, era ancho, alargado y no lo podíamos rodear.

Terreno montañoso en la zona fronteriza entre Ucrania y Bielorrusia
El terreno montañoso y boscoso de la zona fronteriza entre Ucrania y Bielorrusia, por donde Dante y Connor intentaban escapar. Imagen generada con inteligencia artificial

La frontera

— ¿Entonces era un campamento ruso en territorio ocupado por el área fronteriza entre Ucrania, Rusia y Bielorrusia?

— Correcto. Nosotros no teníamos ni puta idea de que eso estaba ahí. Yo venía relajado porque él me decía: "tranquilo ya pronto llegamos a Bielorrusia". Y yo, uf, feliz. Nos topamos con el campamento y todo se fue para el carajo — hizo una pausa prolongada —. ¿Qué tan crudo puedo ser aquí? ¿Describo todo?

No hay manera de prepararse para lo que sigue.

"Lo que ocurrió no lo vimos venir — continuó Dante —. Yo pensaba que lo había visto todo en la guerra, que más nada en mi vida me podría sorprender."

Estaban en una segunda loma cuando apareció la guarnición rusa. ¿Esto qué es?, se preguntaron ambos mirándose la cara.

"Yo bajo y subo, dijo. Lo había hecho antes, observaba de cerca, volvía y decidíamos qué hacer. Pero Connor no volvió."

Al rato, sospechando lo peor, Dante se acercó con cautela.

Campamento militar ruso en zona fronteriza
Un campamento militar ruso en la zona fronteriza entre Ucrania y Bielorrusia, similar al que encontraron Dante y Connor en su ruta de escape. Imagen generada con inteligencia artificial

Patrullas rusas

— Él antes me había repetido como cuatro veces: "En caso de que a mí me agarren, no vayas al lugar". Es lógica pura. Debí haber seguido por la ruta de Chernóbil y salir a Bielorrusia. No lo hice. Bajé más, hasta donde se podía ver el patio. En una esquina de ese patio había cuerpos acumulados, tirados. De allí los sacaban para otro lado, asumo que a una fosa. Pero, lo que yo no había entendido era por qué la piel se veía de color negro.

— ¿Y Connor?

— Estuve buen tiempo observando. En eso, veo cuando lo sacan al patio y lo amarran a un poste. Lo golpearon por horas. Yo estaba como loco, le había cogido cariño, él era como un padre pero no podía correr a buscarlo porque me mataban. Lo desnudaron, lo sujetaron y le cortaron los testículos. Los gritos eran infernales. Le metieron un trapo en la boca para callarlo. "No sé qué verga voy a hacer pero lo tengo que sacar de allí", me dije.

Desesperado se movía entre lomas tratando de encontrar la manera de ayudarlo. Sabía que debía huir, que sería un suicidio intentar rescatarlo, pero a la vez se preguntaba, ¿y sin Connor, podré llegar a la frontera?

Una patrulla de rusos terminó atrapándolo.

Recuerda que mientras lo perseguían, le disparó a dos. En eso sintió el golpetazo de un rifle contra su cabeza, como si fuera un bate de béisbol. Quedó regado, con la cabeza y el cuerpo desactivados.

"Me empezaron a gritar mierdas en ruso. Les mentí. Les repetía, en inglés, 'I am your team, I am Russian team', 'Yo soy de tu equipo, soy del equipo ruso'. No sirvió de nada porque me contestaban '¡blyat!', o sea, 'puta' o 'vete a la mierda'. Me convencí de que los rusos eran unos miserables, unos psicópatas."

Convoy de soldados rusos en zona de conflicto
Patrullas rusas operaban en la zona fronteriza entre Ucrania y Bielorrusia, cortando las rutas de escape. Imagen generada con inteligencia artificial

El último cigarrillo

Lo llevaron al campamento, pasando por el patio. Connor estaba moribundo, desangrándose.

"Cuando estábamos más cerca le grité 'Connor' y él me reconoció. Me mandó a la mierda: 'Stupid kid, what the fuck are you doing here', 'Chico imbécil, qué putas haces aquí'. Los cabrones dijeron entonces: 'Mira, estos dos se conocen'. Me empezaron a patear mientras me tiraban en el patio, boca abajo, para que pudiera ver la última salvajada. Ojalá yo hubiera muerto en ese momento", aseguró Dante con convicción.

Faltaba un último acto de vileza contra Connor.

Le colocaron un cigarrillo encendido en la boca. Cuando se consumió por completo, la colilla cayó al suelo. El piso estaba regado de gasolina. Las llamas lo envolvieron en cuestión de segundos. Dante lo vio arder de pies a cabeza. Entonces comprendió de dónde venían aquellos cuerpos carbonizados que había visto antes.

Dante se puso como loco, sintió una furia tremenda, como jamás le había subido por su cuerpo. Procuró levantarse, mordió a los guardias que lo sujetaban hasta que lo noquearon de un golpe.

IV

El cuarto del horror

— Desperté en una silla. A partir de este punto no sé cómo transcurrió el tiempo, cuánto tiempo estuve en ese cuarto.

— ¿Qué te hicieron? — le pregunté.

— Te voy a censurar partes. Te voy a contar algunas, más o menos lo que le dije a la psicóloga que me está ayudando ahora. Me sacaron todas las uñas, de manos y pies. Ya éstas me han crecido — mostrándome las manos —, pero los pulgares de los pies aún están volviendo. Me golpeaban con palos repetidamente. Me rompieron la nariz, dos veces. Me sacaron una muela con una pinza. Me metían unas agujas en la manzana de adán, después en los ojos. Me zafaron un hombro y me golpeaban allí. Luego vino el otro. Los zafaban y luego de torturarme los volvían a meter. Ven, toca aquí…

Al ponerle la mano sobre sus hombros, y él moverlos, ambos se sienten como los dientes de un engranaje roto saltando uno sobre el otro.

— ¿Te interrogaban, qué querían saber?

— Son unos sádicos. Era pura diversión. No me preguntaban nada. Imagínate: ya que yo les había dicho que era de ellos cuando me apresaron, que yo era parte de su ejército, al despertar en ese cuarto me habían puesto una chaqueta blanca, la del uniforme ruso. Y me dijeron: 'Welcome to Russia my friend', eso fue lo primero que dijo uno cuando abrí los ojos. Y enseguida me metieron un vergazo que casi me desconfigura el cerebro. Grité tanto, pero tanto, que yo sentí que mis cuerdas vocales se rompieron. Lloraba. Me dolía cada célula del cuerpo, no había un rincón de mi alma en la que no sintiera dolor. De tanta tortura, colapsé. No recuerdo más nada."

Una silla solitaria en un cuarto oscuro
Una silla en un cuarto oscuro: la imagen que Dante recuerda al despertar después de ser capturado por las fuerzas rusas. Imagen generada con inteligencia artificial

El infierno

Dante no tiene noción del tiempo a partir de ese momento, si estuvo en aquel cuarto horas, días o semanas.

Sencillamente su memoria se borró.

— Cuando desperté, podía respirar pero me faltaba el oxígeno. Todo estaba negro pero yo podía tocar. Y de la nada siento que toco una mano. Luego sentí un pie. Unos dientes. Una cabeza. No podía mover las piernas pero sí las manos. Olía a mierda, a mierda pura. Estaba atrapado, un gran peso me oprimía. No podía moverme, pero al menos respiraba, con dificultad, pero podía. Abrí los ojos y sentí correr gotas de sangre por mi cara. Escuché lamentos, susurros de moribundos, 'please God' y otras lamentaciones. Era como estar en el infierno.

— ¿Tenías cuerpos encima?

— Sí, varios, muchos. Estaba en una fosa. Traté de recordar qué había pasado. Recordé la tortura. Recordé a Connor.

Instagram

Semanas atrás Dante había conseguido un celular, se lo había quitado a un cadáver. Cacharreándolo había logrado entrar a su cuenta de Instagram.

— Una cosa que yo no me esperaba era que, había gente que sabía que yo me había ido a la guerra, amigos de la escuela, de toda la vida — recordó, dándole contexto a su anécdota —. ¿Sabes qué es que pasados tres meses ni una sola persona te hubiera escrito ni un "Ey, ¿cómo estás?" Yo pensé que iba a tener mensajes de gente preocupada, pero ni uno solo. La gente subiendo historias normales.

— ¿Te pegó durísimo?

— Desde que entré a la guerra mi vida fue como un vaso: lo del camión en Berlín fue una gota, lo del avión otra gota, lo de Donetsk otra, Bakhmut fue otra gota más, la tortura fue otra gota, lo de Connor fue otra más… y ese vaso se fue llenando, más todas las cosas que me habían pasado de mucho antes, que ya me venían jodiendo la mente.

Me contó que, ya en Berlín, había caído en una depresión profunda. Había engullido tanto desamor, tanta soledad y tantos desencantos que acabó fracturándose. Lo había reprimido todo y eso ahora estaba por explotar.

— Aunque seas joven tienes un límite. En esa fosa, primero empecé a llorar, desconsolado, lloré más que en la tortura. Lloré arrepintiéndome de todo. Calcula: allí yo no podía recordar ni siquiera la cara de mis amigos, la de mis mejores amigos, ni la de mi padre… yo pienso que debió ser un efecto post tortura, que de tantos golpes algo se me había jodido. El vaso se llenó en esa fosa.

Dante pasó de llorar, de pedir perdón y de hacerse la víctima, a enanarse. Se fue encogiendo sobre sí mismo hasta desaparecer dentro de un gran vacío. Entonces sintió el cambio, como un interruptor que se activa de repente. La tristeza se evaporó y dio paso a la cólera. Empezó a execrarlo todo. Se destrozó los labios a mordiscos. Maldijo a su padre, a su madre, a sus amigos y a quienes habían matado a Connor.

"En ese momento sentí un corrientazo en la cabeza, como si me fuera a dar un derrame y esa rabia me dio fuerzas y empecé a meter la mano entre los cuerpos, a empujar, a golpear. Desgarraba ropa, brazos, las piernas de los cadáveres que tenía encima… y así me fui saliendo, a punta de ira, concentrando todas mis fuerzas. Cada movimiento me daba más rabia. Solté puñetazos para abrirme paso, hasta que fui saliendo. Lo primero que alcanzó el suelo fue un brazo. Me fui deslizando. Después logré sacar el otro brazo, y empecé a sentir esa brisa fría."

Claro de luna

Era de noche. Había luna. El resplandor le hizo ver todo lo que tenía a su alrededor, incluyendo a gente agonizando, a los que habían arrojado recientemente.

"En ese momento me di cuenta que tenía el pelo blanco. Entonces yo tenía el pelo largo, hasta los hombros. Y lo vi blanco con un movimiento pero no le paré bolas. La chaqueta rusa quedó roja de sangre. No recuerdo muy bien todo lo que hice a partir de ese punto, lo tengo borroso."

Huyó hasta encontrar una trinchera, de las tantas que había por esa zona. Corrió y corrió sin parar. No tenía sueño, ni hambre, ni frío. Las trincheras lo llevaron hasta un camino luego de muchas horas. Se movía a escondidas, pero sin detenerse.

De los tantos muertos que encontró tomó armas y municiones. Después de un día y pico llegó a un bosque y recuerda que cayó exhausto. Pero no durmió hasta alcanzar Bielorrusia.

V

El polizón

Era marzo de 2026.

"No sé en qué parte exactamente un policía, era como un sheriff, me detuvo. Me habló en ruso, y yo le dije '¿English?'. Hablaba algo de inglés. Le conté que venía recién saliendo de la guerra y, por supuesto, mentí, pues le dije que peleaba con Rusia. 'Oh, you are for Russia?'. Sí, le contesté. 'Ya terminé mi contrato y quiero volver a casa. Quiero largarme de aquí porque estoy cansado'. Me pidió documentos y le dije que no tenía. Debió haber notado mi chaqueta rusa. Me montó en un carrito y me llevó a su comisaría."

Era un sitio medio abandonado, como una estación de policía del interior en Panamá, dos celdas, un escritorio, un baño.

En la comisaría se dio su primera ducha en meses. Bajo el agua, restregó su cuerpo con jabón y rabia, como si pudiera arrancarse de la piel la miseria nauseabunda que la guerra le había incrustado hasta los huesos.

"Él me dio unas botas, estas que tengo puestas hoy. Primero me había dicho: 'No te puedo acusar de nada, solo de portar armas, pero tú vienes de una guerra. No es que desconfíe de ti, pero de nada me sirve preguntarte tu nombre porque ni siquiera sé si me vas a decir la verdad. Tú eres una persona traumada, se te nota en la cara.' Me señaló el pelo. 'Ese pelo blanco, eso es canities subita, yo lo he visto antes. Tú tienes las neuronas quemadas porque algo feo te pasó, ¿cierto?'. Yo seguía inmóvil y sin responder. Me dio permiso para quedarme dos días. Me pasó un mapa y señaló dónde estaba la estación de trenes."

En algún momento, Dante descubrió que la guerra también tenía su mercado negro. Antes de encontrarse con el sheriff, mientras caminaba, se cruzó con unos mercenarios que avanzaban hacia el frente y que conservaban la inocencia de quienes aún no han visto lo peor. A ellos les vendió un rifle de asalto automático, una carabina y una de las dos pistolas Glock 17 que llevaba consigo.

La otra Glock 17, se la entregó al sheriff. El hombre se había enamorado de ella en cuanto la vio. A cambio recibió las botas, comida, ropa limpia y algunas indicaciones para sobrevivir.

Quizás aquella generosidad tenía menos que ver con Dante que el creer que luchaba para Rusia y el valor de esa pistola. Dante nunca llegó a saberlo. Lo único cierto es que, por primera vez en tres meses, alguien —salvo Connor— le hablaba con afecto, sin gritarle ni apuntarle con un arma.

El sheriff fue quien le enseñó cómo subir de polizón al tren de carga que lo conduciría hasta Polonia. Y así, gracias a una Glock, unas botas nuevas y un acto de amabilidad cuyas verdaderas razones nunca sabrá, Dante logró salir vivo del infierno.

Fin de la serie · Dante en Ucrania

Lee la historia completa desde el principio

Primera entrega

Equipo periodístico

  • Fernando Berguido — Texto y reportería
  • Yolanda Sandoval — Coordinación editorial
  • La Prensa Panamá — Edición
  • Víctor Tisnado — Maquetación y desarrollo web

Créditos fotográficos

  • Portada e ilustraciones — Imágenes generadas con inteligencia artificial

Las imágenes utilizadas en este reportaje tienen fines exclusivamente editoriales e ilustrativos. Algunas corresponden a fotografías de archivo o de bancos de imágenes. Otras son ilustraciones elaboradas a partir de testimonios, documentos y relatos recopilados durante la investigación, con el propósito de representar visualmente escenas para las que no existen registros fotográficos.

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