La Organización Marítima Internacional (OMI) adoptó nuevas orientaciones para evaluar las investigaciones sobre geoingeniería marina, una actividad que busca aprovechar la capacidad de los océanos para capturar dióxido de carbono (CO₂) y contribuir a la mitigación del cambio climático, pero cuyos efectos sobre los ecosistemas marinos todavía generan incertidumbre científica.
La decisión fue adoptada durante las reuniones del Convenio y el Protocolo de Londres, celebradas del 5 al 9 de octubre de 2026 en la sede de la OMI, en Londres, donde los países participantes acordaron establecer mecanismos para determinar si los proyectos de investigación pueden desarrollarse sin ocasionar riesgos ambientales inaceptables.
Los nuevos marcos abarcan tres métodos de geoingeniería marina: la fertilización de los océanos, el aumento de la alcalinidad oceánica y el hundimiento de biomasa para almacenar carbono.
Estas técnicas han despertado interés entre investigadores y empresas por su potencial para contribuir a la reducción del dióxido de carbono presente en la atmósfera. Sin embargo, la OMI advierte que todavía existen importantes vacíos de conocimiento sobre sus posibles consecuencias para la biodiversidad y el equilibrio de los ecosistemas marinos.
El secretario general de la OMI, el panameño Arsenio Domínguez, destacó la importancia de contar con mecanismos que permitan examinar las propuestas científicas antes de su ejecución.
“En un momento en el que la geoingeniería marina está suscitando un interés cada vez mayor por parte de la comunidad científica, el sector empresarial y el público, estos marcos proporcionan a los responsables de la reglamentación y a los investigadores herramientas rigurosas y transparentes para evaluar las actividades propuestas y proteger el medio marino”.

Tres métodos bajo evaluación
Las orientaciones aprobadas contemplan procedimientos específicos para analizar tres técnicas que podrían utilizarse en proyectos de captura y almacenamiento de carbono.
La primera es la fertilización de los océanos, que consiste en incorporar nutrientes al agua de mar para estimular el crecimiento del fitoplancton, organismos microscópicos que absorben dióxido de carbono mediante la fotosíntesis.
La segunda es la alcalinización oceánica, mediante la cual se añaden sustancias alcalinas al agua para incrementar su capacidad de absorber CO₂ atmosférico y contrarrestar los efectos de la acidificación.
El tercer método es el hundimiento de biomasa, que contempla introducir deliberadamente materiales biológicos, como vegetación marina o terrestre, en el océano con el propósito de almacenar carbono durante periodos prolongados.
Aunque las tres alternativas persiguen objetivos relacionados con la mitigación del cambio climático, sus posibles repercusiones ambientales requieren una evaluación científica rigurosa.
Controles antes de autorizar investigaciones
Los marcos aprobados establecen un procedimiento que comprende la selección inicial de las propuestas, la evaluación ambiental, la gestión de riesgos, la toma de decisiones y la revisión posterior a la ejecución de los proyectos.
Para avanzar, las iniciativas deberán demostrar que responden a objetivos científicos legítimos y presentar evaluaciones exhaustivas de los posibles impactos sobre el medio marino.
También deberán incorporar consultas con las partes interesadas, procesos de revisión por pares, mecanismos de seguimiento y sistemas transparentes de presentación de informes.
La OMI precisó que las evaluaciones podrán revisarse a medida que surjan nuevos conocimientos científicos, con el objetivo de fortalecer la protección ambiental.
El organismo subrayó que la investigación debe desarrollarse bajo un enfoque de precaución y que se necesitan mayores evidencias científicas antes de considerar actividades que superen la fase experimental.
Por tanto, la adopción de estos marcos no representa una autorización general para ejecutar proyectos comerciales de geoingeniería marina, sino el establecimiento de criterios para examinar las investigaciones propuestas caso por caso.
Otras decisiones sobre protección marina
Durante las sesiones también se aprobaron orientaciones para gestionar el final de la vida útil de los buques construidos con plástico reforzado con fibra de vidrio, incluyendo alternativas a su hundimiento en el mar.
Estas directrices fueron elaboradas en colaboración con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
Adicionalmente, las partes acordaron continuar los trabajos para examinar la relación entre el Convenio y el Protocolo de Londres y el Acuerdo sobre la Diversidad Biológica Marina de las Zonas Situadas Fuera de la Jurisdicción Nacional.
La cuadragésima octava Reunión Consultiva del Convenio de Londres y la vigésima primera Reunión de las Partes del Protocolo de Londres se desarrollaron bajo la presidencia de Radia Razack, de Sudáfrica.
Con estas decisiones, la OMI busca fortalecer la supervisión internacional de nuevas actividades humanas en los océanos, en momentos en que la investigación científica explora alternativas para enfrentar el cambio climático sin comprometer la protección del medio marino.

