Viejos sanadores que desgranan sabiduría a los enfermos del alma y la conciencia. Maestros que ofrecen grandes consejos a discípulos atentos en una sociedad convulsa. Qué libro tan profundo es “La Claridad” (Nueve Signos), del escritor nacional Gorka Lasa.

Estamos ante una obra ágil y serena al mismo tiempo, pues conjuga el ritmo calmado de las historias ancestrales con un palpitar con cierta perspectiva contemporánea. Se trata de un retrato a cuerpo completo de las crisis existenciales que han acosado al ser humano desde el primer día de la creación de este mundo.

La intención de Lasa es explorar los antiguos conflictos y ponerlos en el ámbito de lo presente, algo que otros han hecho con resultados desafortunados, porque suenan a lección del que sabe (que está por encima del resto de los mortales) al pueblo perdido y pecador (ubicado en el subsuelo en la escala de la inteligencia), o sea, a ese segundo grupo pertenecen los lectores que deben sentirse afortunados que el nuevo chamán de feria les habla.

Lassa no anda con esa actitud arrogante, sino que hay en sus tramas una espiritualidad, sin dejar por fuera que brinda una apabullante sinceridad. Que Lasa sea poeta es una contribución valiosa para que estos relatos suyos tengan una suave música interna. En “La Claridad” hay un pacto singular entre la ficción con sentido, un discurso filosófico de peso y el uso de unas palabras que se mueven y bailan como si pies tuvieran.