Será que soy machista y medio, pero las superheroínas en los cómics de mi juventud eran seres de menor impacto si las comparaba con los varones, quienes tenían que llevar a cabo misiones más arriesgadas. La única excepción que recuerdo ahora (capaz que hay más) son las aventuras de la Mujer Maravilla.

En la pantalla grande me pasaba, y me ocurre todavía, que las chicas salvadoras del mundo parecían mero material de relleno, salvo que eran guapas y fuertes, pero las historias que ofrecían no me convencían del todo, y pongo como ejemplo las versiones fílmicas de Lara Croft, Supergirl, Aeon Flux y Elektra, entre otras.

Para ser justos, sí recuerdo con gratitud a heroínas presentadas en el séptimo arte reciente, como la madre de familia de “Los Increíbles”, la potente Hit Girl de “Kick-Ass” o a Tormenta de los “X-Men”.

En la televisión tampoco es que los programas protagonizados por Betty Atómica, Kim Possible o Las Chicas Superpoderosas fueran estupendos si los ponía en la balanza con sus homólogos varones.

Esto viene a cuento porque acabo de leer “Margot, la pequeña, pequeña historia de una casa en Alfa Centauri” (Editorial Norma), y me ha encantado cómo el escritor Toño Malpica, en un evidente homenaje a la Marvel y a Shakespeare, nos presenta a una niña héroe que debe sortear la incomprensión de los adultos al aceptar tener un trabajo que la llena de estrés y que la aleja de rutinas más tranquilas como crecer, ser feliz y estar preocupada por jugar en vez de ir atrapando matones.

DEL AUTOR:

Toño Malpica nació en la ciudad de México. Estudió computación, aunque fueron las historias para chicos las que le gustaron. Entre sus libros cabe mencionar “Siete habitaciones oscuras” y “Billie Luna Galofrante”.