Wilbert Sánchez tiene nueve años, está en tercer grado y vive en Santa Ana, calle 15.
Tiene sueños; uno de ellos, ser bailarín de danza. Sin embargo, el pasado viernes Man One le ayudó a descubrir que la creatividad es un factor determinante en las artes.
De hecho, Man One es un apodo. Realmente, su nombre es Alejandro Poli, un estadounidense de raíces mejicanas criado en la ciudad de Los Ángeles, donde se desempeña profesionalmente como muralista y grafitero.
Man One está en Panamá tras una invitación de la Embajada de Estados Unidos, con el objetivo de dictar un taller de arte urbano a un grupo de pequeños que integran organizaciones como Fundación Calicanto, Asociación Pro Juventud de San Felipe y la Unesco.
Man One es propietario de la única galería especializada en exhibición de gratifi en Los Ángeles, y atiende a renombrados clientes. Hoy tiene 40 años, pero desde los 16 practica el arte urbano.
En este taller también participó Odilia Janeth, quien tiene 10 años y su color favorito es el rosado. Pintó con botellas de aerosol, y su conclusión fue que no descartaría la posibilidad de convertirse en una grafitera.
Por su parte, Phyllis Powers, embajadora de Estados Unidos en Panamá, indica que entre los retos de la entidad bajo su dirección está el de ofrecer alternativas positivas y de formación artística para los jóvenes de pocos recursos.
