La primera vivienda para una familia afectada por el terremoto del pasado 9 de octubre ya fue entregada en Soná, Veraguas.
La estructura tiene paredes, cocina, comedor y una pequeña terraza al frente; en la parte posterior, un espacio para lavar la ropa. Son 46 metros cuadrados, tres más que el modelo estándar, para facilitar el desplazamiento de una persona en silla de ruedas.
Según el ministro de Vivienda, Jaime Jované, construirla tomó 14 días calendario. Fuera de esas paredes, sin embargo, la reconstrucción sigue marcada por una emergencia que aún no termina en lugares como Tonosí y Macaracas, en Los Santos, y Montijo y Soná, en Veraguas.
Al 22 de octubre, el Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) había evaluado 12,365 viviendas y contabilizado a 40,880 personas en sus registros. El balance anterior, con corte al 19 de octubre, reportaba 2,318 casas con daños totales, 5,546 con afectaciones parciales y otras 1,260 con daños menores. Las cifras siguen sujetas a actualización.
Las características
La casa presentada por el ministro tiene una distribución sencilla: cocina, comedor, una pequeña terraza al frente y lavandería en la parte posterior. En el modelo para personas con discapacidad, los metros adicionales buscan resolver una necesidad concreta: permitir el uso de una silla de ruedas y evitar que la rampa se convierta en un añadido difícil de integrar después. No se trata solo de levantar una estructura, sino de adaptarla a las necesidades de quien vivirá en ella.
Jované dijo a La Prensa que entre las prioridades están las personas con discapacidad, los adultos mayores y las familias con niños. Aunque enfrentan situaciones distintas, todas comparten la misma urgencia: contar con un lugar seguro donde vivir.
El ministro aseguró que la meta es atender a toda la población que necesita una vivienda. También reconoció que la tarea es compleja.
Los 14 días que tomó construir la primera vivienda muestran lo que puede lograrse en determinadas condiciones, pero no constituyen un plazo garantizado para las demás. Jované explicó que una construcción tradicional puede tardar casi el triple. El tiempo depende del diseño, la ubicación y las dificultades para trasladar los materiales. En las comunidades de acceso más difícil, el calendario puede cambiar.
La meta
El ministro no presentó una fecha definitiva para completar las 1,300 viviendas asignadas hasta la fecha. Dijo que espera que el proceso no se prolongue demasiado. “Las familias no pueden esperar tanto tiempo”, afirmó.

Durante sus recorridos por Veraguas, Mariato y comunidades de la zona costera, el sábado 24 de octubre, Jované también revisó albergues y necesidades pendientes. “Es un gran desafío, es complejo definitivamente”, reconoció.
Cada vivienda tendrá un costo estimado de entre $25,000 y $28,000, más impuestos. A esa suma hay que añadir unos $2,000 para demoler las estructuras dañadas, retirar los escombros y acondicionar el terreno.
Otras opciones
Mientras las familias de Azuero esperan recuperar un techo, las soluciones empiezan a tomar formas distintas. La arquitecta Ana Victoria Ottenwalder, de Sensata Studio, propone casas rurales permanentes de dos habitaciones, construidas con materiales locales y con un costo estimado de $22,000 por unidad.
El alcalde capitalino, Mayer Mizrachi, apuesta por otra alternativa: contenedores acondicionados como viviendas temporales, con baño, agua, electricidad y aire acondicionado, a un precio aproximado de $8,000 por unidad.
A estas iniciativas se suma el Club Activo 20-30, que busca recaudar fondos mediante una teletón para construir viviendas de 43 metros cuadrados, valoradas en $19,000 cada una, con prioridad para familias en las que vive una persona con discapacidad.

