Desinformación impulsa resistencia a vacunas y ataques al personal de salud

La coordinadora nacional del Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI) del Ministerio de Salud (Minsa) advierte que los movimientos antivacunas están afectando las coberturas, especialmente entre los menores de un año, y favorecen el resurgimiento de enfermedades prevenibles.

La resistencia a las vacunas crece en Panamá en momentos en que el país intenta recuperar las coberturas de inmunización perdidas tras la pandemia. Las autoridades sanitarias alertan de que la desinformación difundida en redes sociales no solo está alejando a algunos padres de las jornadas de vacunación, sino que también ha derivado en ataques verbales contra funcionarios encargados de promover estos programas.

La advertencia proviene de Itzel de Hewitt, coordinadora nacional del Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI) del Ministerio de Salud (Minsa), quien aseguró a La Prensa que la difusión de información falsa se ha convertido en uno de los principales obstáculos para mantener las coberturas de vacunación en el país.

Según explicó, la situación es particularmente compleja en regiones de difícil acceso, como la comarca Ngäbe Buglé. Allí, personas ajenas al sistema de salud promovieron mensajes para desalentar la vacunación, una situación que, a juicio de la funcionaria, puso en riesgo a niños y comunidades enteras.

De Hewitt señaló que la desinformación ha incrementado significativamente la resistencia a la vacunación, especialmente entre padres de familia con acceso limitado a fuentes confiables de información, quienes terminan aceptando como verdaderos contenidos falsos difundidos a través de redes sociales y plataformas digitales.

“Solo por compartir mensajes relacionados con la protección de los niños y de la población mediante la vacunación, funcionarios de salud reciben comentarios agresivos y ofensivos”, indicó.

La preocupación de las autoridades sanitarias surge mientras el país aún intenta recuperar las coberturas de vacunación que disminuyeron tras la pandemia de covid-19. Los grupos más afectados han sido los menores de un año, seguidos por los niños de 1 a 4 años y las mujeres embarazadas.

La preocupación no es menor. Datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) muestran que Panamá alcanzó una cobertura de apenas 72% para la tercera dosis de la vacuna contra la difteria, el tétanos y la tosferina (DTP3) en 2024, una cifra ligeramente superior al 71% reportado en 2023, pero todavía por debajo de los niveles recomendados para garantizar una protección adecuada de la población.

Desinformación impulsa resistencia a vacunas y ataques al personal de salud

Entre las vacunas que presentan mayores desafíos figura la hexavalente, que protege contra seis enfermedades: poliomielitis, difteria, tétanos, tosferina, hepatitis B e infecciones causadas por Haemophilus influenzae tipo b. Esta vacuna se aplica a los dos, cuatro y seis meses de edad y continúa mostrando coberturas inferiores a las esperadas entre los menores de un año.

También preocupan las coberturas del refuerzo contra el sarampión, las paperas y la rubéola (MMR), así como las de la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH), aplicada a niños y adolescentes.

La vacunación infantil en Panamá también está respaldada por la Ley 48 de diciembre 2007, que reconoce el derecho de todos los niños a estar protegidos contra enfermedades prevenibles mediante vacunas y establece la obligación de los padres o cuidadores de cumplir con el esquema de inmunización definido por el Minsa.

De Hewitt advirtió que el impacto de la desinformación sobre las vacunas puede reflejarse en la reemergencia de enfermedades que habían sido controladas o eliminadas. Entre ellas mencionó el sarampión y el tétano neonatal.

Aunque el Minsa no ha identificado movimientos antivacunas organizados en el país, mantiene vigilancia sobre el auge de este tipo de mensajes en redes sociales y otras plataformas digitales.

La institución enfrentó una situación similar en 2008, cuando comenzó la aplicación de la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH). En ese momento, fue necesario conformar una comisión técnica para responder a las dudas y demostrar, mediante evidencia científica, la seguridad y eficacia de la inmunización.

La funcionaria enfatizó que los beneficios de la vacunación han quedado demostrados a lo largo de las últimas décadas. Gracias a estas estrategias de salud pública, Panamá dejó de registrar casos de poliomielitis con secuelas de parálisis infantil y logró controlar enfermedades como la rubéola congénita, que antes provocaba el nacimiento de niños con ceguera y sordera.

Desinformación impulsa resistencia a vacunas y ataques al personal de salud

El riesgo de dejar de vacunar

Para el pediatra e investigador clínico Xavier Sáez-Llorens, jefe del Departamento de Investigación del Hospital del Niño Dr. José Renán Esquivel, el crecimiento de la desinformación antivacunas representa uno de los mayores riesgos actuales para la salud pública.

Explicó que el problema no solo afecta a quienes deciden no vacunarse, sino que también debilita la inmunidad colectiva que protege a toda la comunidad.

“Cuando las coberturas bajan, incluso unos pocos puntos porcentuales, aumenta el riesgo de que reaparezcan enfermedades infecciosas que habían sido controladas o eliminadas”, señaló.

Sáez-Llorens explicó que las comunidades vulnerables enfrentan un riesgo mayor porque concentran múltiples factores que favorecen la disminución de las coberturas vacunales. Entre ellos mencionó la pobreza, el acceso limitado a los servicios de salud, la baja cobertura de atención prenatal y pediátrica, el hacinamiento, las limitaciones educativas y la intensa circulación de bulos, videos falsos y mensajes engañosos a través de redes sociales y grupos de WhatsApp.

Advirtió que, cuando las coberturas de vacunación disminuyen incluso unos pocos puntos porcentuales, pueden reaparecer rápidamente brotes de enfermedades que durante años permanecieron bajo control.

Entre las enfermedades más sensibles a una caída de la cobertura vacunal figura el sarampión, considerado una de las infecciones más contagiosas del mundo. El especialista señaló que un solo caso puede generar múltiples contagios y que se requieren coberturas superiores al 95% para evitar brotes.

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Además, mencionó la tosferina, que puede afectar gravemente a los lactantes y causar apnea, neumonía e incluso la muerte; la poliomielitis, cuyo riesgo de reintroducción persiste mientras el virus continúe circulando en algunos países de África y Asia; y la difteria, que ya ha reaparecido en varias naciones tras descensos en las tasas de vacunación y crisis sanitarias.

La rubéola también preocupa debido al riesgo de que reaparezcan casos de rubéola congénita cuando disminuye la vacunación en mujeres y niños. Además, recordó que enfermedades respiratorias como la influenza y la covid-19 pueden generar más hospitalizaciones y defunciones cuando disminuye la aceptación de las vacunas entre los grupos de mayor riesgo.

Sáez-Llorens destacó que los menores de un año constituyen uno de los grupos más vulnerables porque su sistema inmunológico aún está en desarrollo y muchos no han completado su esquema de vacunación. Por ello, dependen en gran medida de la protección indirecta que les brinda una población ampliamente inmunizada.

Desinformación impulsa resistencia a vacunas y ataques al personal de salud

Asimismo, alertó sobre las consecuencias que puede tener la baja vacunación en mujeres embarazadas, entre ellas un mayor riesgo de complicaciones durante la gestación, partos prematuros, muerte fetal y transmisión de enfermedades prevenibles a los recién nacidos.

Advirtió que la disminución sostenida de las coberturas de vacunación favorece la acumulación de personas susceptibles a enfermar, aumentando el riesgo

A los desafíos derivados de la desinformación se suman dificultades logísticas para llegar a comunidades apartadas. La falta de recursos para combustible, transporte aéreo y acuático, así como para el alquiler de caballos, lanchas y motores, dificulta la ejecución continua de las jornadas de vacunación en algunas zonas del país.

Aunque el Minsa todavía actualiza las cifras correspondientes a 2025 debido a cambios en el sistema de información del PAI, los monitoreos realizados hasta ahora muestran que la recuperación de las coberturas sigue siendo un reto.

Frente a este escenario, el PAI ha fortalecido las acciones de comunicación y capacitación. Personal del Minsa y de la Caja de Seguro Social (CSS) ha recibido formación en comunicación de riesgos, manejo de redes sociales y trabajo con medios de comunicación, además de la designación de voceros regionales para responder a la información falsa que circula sobre las vacunas.

La vacunación no solo protege a quien recibe una dosis. También protege a los recién nacidos, a las personas con sistemas inmunológicos debilitados y a quienes aún no pueden ser vacunados. Por ello, advierten los especialistas, cada punto porcentual que se pierde en cobertura reduce la protección colectiva y aumenta el riesgo de que enfermedades que parecían parte del pasado vuelvan a circular en el país.


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