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‘Casi cada semana encontramos 100 especies nuevas, desconocidas para el resto del mundo’: Timothy Thomson

El doctor Timothy M. Thomson es director del Indicasat-AIP desde 2024. Médico por la Universidad de Salamanca y especialista en inmunología clínica, dedicó más de tres décadas a la investigación oncológica entre el CSIC (España) y el Sloan-Kettering Cancer Institute de Nueva York.

Usted es director del Indicasat, el Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología. ¿Qué hace el Indicasat?

Es un instituto público de investigación. Nos dedicamos a descubrir mecanismos, terapias y aspectos relacionados con la biodiversidad. Estamos organizados en tres grandes divisiones de investigación: una la llamamos enfermedad y salud humana; otra, bioprospección, y otra, biodiversidad. En enfermedad y salud humana abordamos problemas como el cáncer, las enfermedades neurodegenerativas, las enfermedades autoinmunes o inflamatorias y las enfermedades infecciosas. Bioprospección es un grupo de químicos excelentes, de altísimo nivel, y la división de biodiversidad estudia la diversidad de Panamá, sobre todo la diversidad que yo llamo invisible.

¿Por qué es tan distinta la biodiversidad panameña?

Panamá es un lugar privilegiado, es estratégico. Panamá tiene alrededor del 5% de la biodiversidad del planeta y representa, creo, el 0.15% del territorio. Es decir, tiene muchísima más biodiversidad en proporción a su territorio que otros países.

De estas investigaciones, ¿podría salir, por ejemplo, algún compuesto que ayude a curar el cáncer o que combata plagas agrícolas?

Descubrimos moléculas que pueden ser útiles para curar enfermedades y combatir plagas agrícolas. Descubrimos mecanismos; es decir, cómo se produce una enfermedad o cuáles son los riesgos que una población tiene frente a una enfermedad determinada. Esa es la misión de Indicasat: descubrir nuevas intervenciones y nuevas terapias, sobre todo para enfermedades que están siendo insuficientemente tratadas. Hay algunas enfermedades que se llaman enfermedades desatendidas; en inglés, neglected diseases. Estamos abordando, por ejemplo, la leishmaniasis y el mal de Chagas, y estamos buscando nuevas terapias para esas enfermedades. También desarrollamos vacunas para el café y el cacao, que enfrentan problemas como la roya del café y la moniliasis del cacao. Hemos encontrado formas de atacar esas plagas sin agroquímicos, mediante moléculas descubiertas en Indicasat.

¿Qué es la bioeconomía y qué significa eso dentro de la estrategia de Indicasat?

La bioeconomía es un concepto cuya definición cambia de país a país, pero, en general, consiste en el uso de recursos biológicos de manera sostenible y con tecnología que les confiera valor añadido. Por ejemplo, nosotros estudiamos microorganismos, que son esenciales para que las plantas crezcan. Sin microorganismos, las plantas no fijan nitrógeno y, sin nitrógeno, las plantas no crecen. Sin plantas, no hay nada de todo lo demás. Entonces, sin microorganismos no hay vida. Solo por poner un ejemplo, un grupo de investigación de Indicasat tiene entre sus colecciones 17,000 nuevas especies de microorganismos, desconocidas para el resto del mundo. Son panameñas. Pueden llevar la banderita de Panamá y jugar en la selección de Panamá en Toronto.

‘Casi cada semana encontramos 100 especies nuevas, desconocidas para el resto del mundo’: Timothy Thomson
El doctor Timothy M. Thomson.

¿Qué tan seguido encuentran nuevas especies?

Casi cada semana o mes. Los investigadores que van al campo, a los corales, toman muestras de manglares o de organismos asociados a animales y plantas, vienen al instituto y las analizan. Cada vez que vuelven de una misión, tienen 100 especies nuevas, desconocidas para el resto del mundo. Eso es increíble. Es una riqueza que no hay en otros lugares y es nuestra. ¿Vamos a ir al bosque que tiene ese microorganismo y lo vamos a esquilmar, a extraerlo por completo y, de esa manera, destruir el bosque? Eso es muy poco inteligente. Eso es lo que hacen los extractivistas minerales. Nosotros no hacemos extractivismo. Tomamos una pequeñísima muestra que contiene esos microorganismos, los estudiamos en el laboratorio y llegamos a descubrir esos compuestos. Eso se llama escalado. Se hace a gran escala y podemos producir ese compuesto en cantidades industriales. No hemos tocado para nada el bosque, el manglar, el coral o el lugar de donde proviene ese microorganismo. Estamos dando valor a esos microorganismos, a ese bosque, a ese manglar o a ese coral que contiene un producto tan importante. Entonces, también les hemos dado un valor económico. Ahí es donde entramos en la bioeconomía. Estudiando la biodiversidad sin destruirla, sin hacer extractivismo, sino estudiándola inteligentemente, con alta tecnología y biotecnología, al final hemos convertido una riqueza intangible, como es la biodiversidad, en una riqueza tangible y económicamente viable.

¿Cómo está Panamá rankeado en investigación a nivel internacional?

Estamos mejorando muchísimo el sistema. Hay un problema con Panamá: tiene toda esta riqueza. Tenemos institutos con capacidad técnica, equipamiento, personal y experticia. Lo que faltan son fondos para hacer todo eso. Todo esto cuesta dinero. El presupuesto destinado a la investigación en Panamá es del 0.13% del PIB. Estados Unidos, creo que ronda entre el 4% y el 5%. Europa, en promedio, está entre el 3.5% y el 4%. Japón anda por el 5.4%; Corea, por el 6%; e Israel, aún más. Esos son los países que son capaces de llevar adelante todos estos programas de investigación, descubrir y transferir sus hallazgos a la sociedad, porque están invirtiendo dinero. Al final, todo se resume en economía. Y una inversión en investigación se multiplica después para beneficio de la sociedad. Al final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos apostó por la inversión en investigación, creó institutos, fundó universidades, financió enormemente a las universidades y se crearon empresas biotecnológicas. El resultado fue que construyeron el sistema de innovación más fuerte y potente del planeta. Cada dólar invertido ha redundado en ocho dólares, por lo menos, para el sector privado.

¿Hay receptividad en el Gobierno para aumentar ese porcentaje?

El secretario nacional de la Senacyt, el doctor Eduardo Ortega Barría, está impulsando un movimiento para llegar al menos al 1% del PIB, que sigue siendo bajo, pero es seis veces más de lo que tenemos ahora. Todo eso depende de la visión del Gobierno. No es que no haya dinero en Panamá, sino de dónde se decide colocarlo.

Más allá del presupuesto, ¿qué tan preparado está el talento humano en Panamá para esto?

Podemos tener infraestructura y equipamiento, pero necesitamos personas. Necesitamos cerebros. Eso pasa, para empezar, por una educación general de toda la población. Porque el talento no reconoce estatus socioeconómico. Y eso permite identificar y desarrollar el talento. Todos los investigadores de Indicasat, los investigadores principales, son doctores. No admitimos menos que doctores.

¿Qué visión tiene para el Indicasat en los próximos años?

Tenemos un plan estratégico a cinco años. El plan contempla llevar a ensayos preclínicos al menos una molécula descubierta y desarrollada en Indicasat. Pero, además de eso, parte de nuestro plan estratégico es valorizar lo que descubrimos. Valorizar significa crear valor añadido a lo que descubrimos. Eso implica obtener patentes y crear empresas capaces de transferir nuestros conocimientos y descubrimientos a la sociedad de forma práctica.

¿Hay precedentes de eso en Panamá?

Aquí ya tenemos precedentes de hasta dónde podemos llegar. Falta llevar esas moléculas y esas funciones más allá del nivel de descubrimiento de ciencia básica. En el país solamente ha habido una molécula que se ha llevado a fases clínicas tempranas, y eso en todo el país, no solo en Indicasat. Es una asignatura pendiente del país. De nuevo, el problema son los recursos. No se destinan recursos suficientes para llevar esas moléculas a fases clínicas y continuar su desarrollo.

Es como descubrir un yacimiento minero y quedarse ahí, sin procesarlo para darle valor agregado.

Claro. La diferencia de nuestra prospección, que es bioprospección, es que no extraemos: entendemos, caracterizamos y dejamos intacta la biodiversidad. No es una prospección en el sentido clásico, sino una prospección renovable. Imagínate que extraemos el petróleo y, de alguna manera, lo podemos volver a poner en su pozo. Es infinito. Tenemos una riqueza infinita. Yo digo que hay dos riquezas en Panamá, dos. Una es el agua y la otra es la biodiversidad. Están íntimamente ligadas y no se está utilizando bien ninguna de las dos. Hay que usarlas bien, inteligentemente. Es una enorme riqueza. Por eso estoy aquí. Porque es estimulante tener delante esta riqueza y poder pensar en cómo usarla inteligentemente.


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