Lo que comenzó como un viaje turístico por el océano Atlántico terminó convirtiéndose en un escenario de emergencia sanitaria internacional. Tres personas han fallecido y otras tres permanecen afectadas tras la confirmación de un brote de hantavirus a bordo de un crucero que actualmente se encuentra frente a la costa de Cabo Verde.
La noticia ha generado preocupación en autoridades sanitarias, no solo por la presencia del virus en un entorno marítimo cerrado, sino también por las circunstancias aún poco claras en las que habría ocurrido la exposición.
De acuerdo con reportes de la empresa operadora Oceanwide Expeditions, las víctimas mortales serían una pareja de nacionalidad neerlandesa y un ciudadano alemán. Las autoridades no han revelado aún la identidad de los pasajeros, mientras continúan las investigaciones epidemiológicas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó que el caso sigue bajo investigación y que se han activado nuevas pruebas de laboratorio para determinar el origen exacto del brote. Según el organismo, una de las personas afectadas permanece en estado crítico en cuidados intensivos en Sudáfrica, donde recibe atención médica especializada.
“El riesgo para el público en general sigue siendo bajo. No hay necesidad de pánico ni de restricciones de viaje”, aseguró el director regional de la OMS para Europa, Hans Henri P. Kluge, al referirse a la situación actual.
A pesar de este mensaje de calma, las autoridades sanitarias internacionales mantienen abiertas varias hipótesis sobre el origen de la infección. Entre ellas se evalúa la posible exposición de los pasajeros a fauna silvestre antes del embarque o durante alguna de las escalas del recorrido.

Un virus silencioso asociado a roedores
El hantavirus pertenece a un grupo de virus transmitidos principalmente por roedores, especialmente a través de su orina, saliva y excrementos. En la mayoría de los casos, la infección en humanos ocurre al inhalar partículas contaminadas presentes en espacios cerrados o con poca ventilación, explica la OMS.
Este mecanismo de transmisión lo convierte en un patógeno particularmente difícil de identificar en sus primeras etapas. Las personas pueden infectarse al limpiar superficies contaminadas o remover excrementos secos de roedores, lo que libera partículas microscópicas en el aire sin que sean visibles.
En menor medida, también puede transmitirse mediante mordeduras o contacto directo con animales infectados. Sin embargo, los expertos señalan que estos casos son poco frecuentes.
Hasta ahora, solo se ha documentado transmisión de persona a persona en situaciones excepcionales asociadas a una variante conocida como la cepa andina, originaria de Sudamérica. Aun así, este tipo de contagio sigue siendo extremadamente raro.

Cuáles son los síntomas del hantavirus
El hantavirus puede dar origen a dos cuadros clínicos principales, dependiendo de la región geográfica.
En Europa y Asia, se asocia con la fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR), una enfermedad que afecta principalmente los riñones. Sus primeros síntomas pueden confundirse con una gripe común, incluyendo fiebre, dolor abdominal y malestar general. Sin embargo, en casos graves puede evolucionar hacia hemorragias internas, hipotensión e insuficiencia renal aguda. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la letalidad oscila entre el 5 % y el 15 %, dependiendo del tipo de virus y el acceso a atención médica.
En América, el virus está vinculado al síndrome pulmonar por hantavirus (SPH), una condición respiratoria severa que inicia con síntomas similares a los de una gripe, pero puede progresar rápidamente hacia insuficiencia respiratoria. En etapas avanzadas, los pacientes pueden presentar acumulación de líquido en los pulmones y fallo respiratorio. De acuerdo con los CDC, la mortalidad puede alcanzar aproximadamente el 40 % en los casos graves.
Sin tratamiento específico, la prevención es clave
Actualmente no existe un tratamiento antiviral específico para el hantavirus. El manejo clínico se basa en cuidados de soporte, como hidratación, control de síntomas y vigilancia médica constante.
Por ello, la prevención se considera la herramienta más eficaz. Las autoridades sanitarias recomiendan evitar el contacto con roedores, sellar grietas en viviendas, almacenar alimentos en recipientes herméticos y mantener condiciones adecuadas de higiene en zonas de riesgo.
En caso de limpieza de excrementos de roedores, se recomienda el uso de guantes y desinfectantes, como soluciones con cloro, evitando barrer en seco para no dispersar partículas contaminadas en el aire.
A nivel global, se estima que cada año se registran entre 60,000 y 100,000 casos de fiebre hemorrágica con síndrome renal, principalmente en países de Asia.
En Estados Unidos, entre 1993 y 2023, se han reportado 890 casos de hantavirus, concentrados en su mayoría en regiones del oeste del país.
El brote en el crucero sigue bajo análisis por equipos internacionales. El epidemiólogo y virólogo Jean Paul Carrera indicó que una de las principales hipótesis es que los casos fatales pudieron haberse expuesto al virus antes del embarque. No obstante, aclaró que se trata de una investigación abierta y que en los próximos días se contará con mayor evidencia científica.
La OMS también confirmó que se están realizando estudios avanzados, incluyendo la secuenciación genética del virus para identificar su origen con mayor precisión.
Panamá: vigilancia activa y antecedentes
En Panamá, el hantavirus mantiene un comportamiento endémico, especialmente en la región de Azuero, una zona históricamente vigilada por las autoridades sanitarias.
Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), durante 2025 el país confirmó 18 casos de síndrome pulmonar por hantavirus, sin registrar fallecimientos. Los contagios se concentraron principalmente en Los Santos (15 casos), Herrera (2) y Coclé (1), con un 95 % de las infecciones asociadas a áreas rurales.
El Ministerio de Salud ha confirmado seis casos adicionales en lo que va del 2026, lo que mantiene activa la vigilancia epidemiológica en zonas consideradas de riesgo.
El país también cuenta con antecedentes relevantes. Los primeros casos de hantavirus en Panamá se registraron a finales de 1999 e inicios del año 2000, cuando un brote de 21 casos generó alerta nacional. Este evento fue asociado a la rata arrocera (Oligoryzomys fulvescens) como principal vector.
En aquel momento, la situación sanitaria llevó incluso a la suspensión de actividades tradicionales como los carnavales en algunas regiones, como medida preventiva para contener la propagación del virus.


