Paul Bowles
En los diccionarios temáticos relacionados con la literatura, en la palabra compromiso con la escritura, bien se podría poner una fotografía de un Paul Bowles sonreído, ya que este señor comenzó a escribir cuentos cuando tenía la edad de cinco años.
Mientras su vecina en esta columna, su colega Isak Dinesen, no era tan social y no viajaba mucho, Bowles entabló lazos con Stein, Cocteau, Gide, Welles, Bertlucci, y Pound y recorrió Alemania, México, Jamaica, India, Tailandia y algunos países de África. No sé si pisó alguna vez Panamá, pero en su cuento ´Eco´ menciona al istmo.
Alfaguara nos brinda la ocasión de tener sus relatos cortos en una sola obra: “Cuentos reunidos”.
Se trata de una treintena de historias sobre señoras que viven en cuevas, calles con olor a pescado, un monasterio con frailes jóvenes, un señor que se transporta en autobús y otro que le gustaba sentarse en un café a contar sus penas y esperanzas.
Sus textos son de una calidad lírica y descriptivos de tal forma que nos hacen sentir que estamos en esos parajes lejanos.
Sus entradas van al grano, sin dar muchos rodeos, aunque con una gracia increíble.
No buscan sus historias un cierre abrupto, sorpresivo o ingenioso como pregonan los expertos que debe tener un buen cuento, más bien al cierre de sus textos hay un punto de reflexión sobre lo que le ocurrió a los personajes y le queda de maravilla.
DEL AUTOR:
Vino al mundo en la ciudad de Nueva York (EU) en 1910, y como buen viajero que era, la muerte lo encontró en el Tánger en 1999. Fue compositor musical para películas y puestas en escena, escribió novelas como ´El cielo protector´ y más de un libro de relatos (muchos de ellos aparecen en la obra ´Cuentos completos´).
