En mayo de 2016, bajo un panorama geopolítico global complejo, nació el movimiento Ciencia en Panamá. No fue un evento rígidamente planificado, sino un surgimiento orgánico impulsado por el regreso al país de decenas de especialistas formados en diversas áreas del conocimiento gracias al programa de becas de la Senacyt.
Este capital intelectual retornó con el anhelo de aplicar sus capacidades para resolver problemas locales. Sin embargo, se enfrentó a una realidad desafiante: la ausencia de condiciones mínimas, infraestructuras limitadas y un sistema de gobernanza que aún no estaba adaptado a las exigencias de la investigación científica moderna.
El principal freno ha sido la falta de un presupuesto que cubra las demandas reales de un sector en crecimiento. La ciencia no es un lujo, sino una herramienta para brindar evidencia a los tomadores de decisiones y legisladores, permitiendo generar respuestas adecuadas que beneficien a toda la sociedad y no solo a sectores privilegiados.
Diez años después, lo que comenzó como un movimiento se ha consolidado en una fundación que va más allá de la divulgación científica. Hoy, Ciencia en Panamá ofrece asesoría especializada en todas las áreas del conocimiento para abordar los retos estructurales del país.
Ciencia en Panamá representa la evolución lógica de un ecosistema que busca fortalecerse siguiendo el modelo de naciones que llevan décadas integrando la ciencia en su administración pública. Aspiramos a un sistema de asesoramiento científico robusto que permita optimizar el uso de los recursos nacionales de manera inteligente y estratégica.
“Buscamos un cambio de paradigma: que la ciencia sea el motor del bienestar social”.
Aunque parezca una utopía, estamos transformando silenciosamente la cultura del país. Tras una década de persistencia, el reclamo por un presupuesto cónsono con nuestras capacidades sigue vigente.
Nuestro mayor temor es que la realidad panameña imite los guiones de Hollywood, donde la comunidad científica advierte con antelación sobre los problemas y soluciones, pero solo es escuchada cuando se llega a un punto de no retorno. La pregunta recurrente —¿por qué no tuvimos estas respuestas antes?— tiene hoy una respuesta clara: invertir en ciencia es invertir en el futuro de Panamá.
La autora es farmacóloga, docente en la Universidad de Panamá, miembro del SNI y presidenta de Ciencia en Panamá.


