Panamá tiene un Día de la Educación Financiera. Se celebra el 1 de octubre. Existe desde la Ley 374, del 3 de marzo de 2023. Más de tres años después, nadie ha explicado con claridad qué se supone que pase ese día.

La ley no era ambigua. Mandaba enseñanza obligatoria en el primer y segundo nivel, en colegios oficiales y particulares, como eje transversal. Planificación financiera, ahorro, acceso a la información. El Ministerio de Educación tenía seis meses para reglamentarla. Llevamos más de tres años.

Lo que sí hubo fue un piloto: entre 34 y 40 centros educativos en el año escolar 2023, con un comunicado que prometía aproximadamente 50,000 estudiantes y 900 docentes. Después, silencio. No hay evaluación publicada. No hay cifra clara de cuántos de esos estudiantes la recibieron de verdad.

Un estudio del BID en la región, con 1,200 panameños encuestados en marzo de 2023, mostró algo curioso: el 76% acertó preguntas sobre el valor del dinero en el tiempo, por encima del promedio del G20. La gente puede contestar. Lo que no puede es aplicar, porque nadie le enseñó el camino de la respuesta a la decisión.

Un estudio realizado con estudiantes en el distrito de Santiago encontró que el 82% no había recibido capacitación específica y el 84% dijo que debería ser obligatoria. El 54% ni siquiera sabía que la ley existía.

Mientras tanto, la vida financiera de un niño panameño ya empezó. Siete de cada diez menores en América Latina tienen teléfono propio, según un informe de Kaspersky. Sus primeras compras no son en una tienda: son en juegos, en aplicaciones, en suscripciones que se renuevan solas. Sin educación en ciberseguridad, el ahorro y la disciplina de gasto se vuelven vulnerables a fraudes y cargos ocultos. La brecha no es solo de conocimiento. Es de protección.

Tengo un hijo. Le van a enseñar a resolver una integral antes de enseñarle a no firmar un contrato que no entiende. Eso no es un error del sistema. Es el sistema funcionando como fue diseñado: formar empleados dóciles, no ciudadanos que pregunten.

El primer paso no es otra ley. Es un piloto. Un distrito. Doscientos niños. Un semestre. Quinto grado: necesidades contra deseos. Sexto: ahorro, con cuenta bancaria al final. Un número que se pueda contar en diciembre.

Si el 84% de los estudiantes dice que debería ser obligatoria, no les des otra razón. Dales el piloto. Que lo vean funcionar. Que lo pidan ellos.

El tiempo es ahora. No en 2029, cuando salgan los resultados de PISA. Ahora. Antes de que otro octubre pase en silencio.

El autor es analista financiero.