En América Latina y el Caribe, la transición energética avanza significativamente y lo hace en un contexto en el que la energía dejó de ser un tema ambiental: es infraestructura crítica para garantizar la estabilidad económica y la seguridad nacional.
Un sistema eléctrico frágil ralentiza la descarbonización, limita la inversión y expone a los países a choques externos, geopolíticos, logísticos, climáticos o de precios que hoy son parte del escenario global. Por eso, la pregunta ya no es si vamos a transitar, sino cómo hacerlo de manera segura, ordenada, confiable y sostenible.
En ese camino, el gas natural cumple un rol estratégico como tecnología de respaldo. No compite con las renovables. Las habilita, al permitir integrar más energía solar, más eólica y más almacenamiento sin comprometer la estabilidad, especialmente en sistemas vulnerables como los del Caribe.
Uno de los grandes desafíos técnicos de la transición es la pérdida de inercia eléctrica y de robustez operativa que acompaña a una alta penetración de renovables variables. La frecuencia se vuelve más sensible, el margen de respuesta se reduce y las contingencias escalan más rápido.
El gas aporta potencia firme, flexibilidad e inercia. Es un componente crítico para mantener la seguridad y la confiabilidad del sistema mientras avanzamos hacia matrices cada vez más limpias.
Esta visión ya se refleja en proyectos que hoy operan en la región. InterEnergy Group cuenta con más de 3 GW de capacidad instalada y en desarrollo en América Latina y el Caribe, combinando generación térmica, solar, eólica y almacenamiento de energía en diez países, una experiencia que permite observar de primera mano los retos y las oportunidades de la transición energética.
Pero la transición es más que cambiar fuentes de generación. Es transformar redes, automatizar la operación y desarrollar nuevas capacidades técnicas para operar sistemas híbridos complejos e incorporar nuevas tecnologías.
Un caso es la experiencia de Generadora Gatún en Panamá. No se trató únicamente de incorporar 670 MW de capacidad firme de gas natural. Se trató de aportar flexibilidad a escala país, responder en minutos ante la variabilidad de las energías renovables, brindar inercia al sistema para atender de mejor manera las contingencias que puedan ocurrir, preparar a Panamá ante eventos de escasez hidrológica y fortalecer la estabilidad de un sistema cada vez más expuesto al clima.
Esta capacidad se complementa con otros activos renovables en Panamá, como el Parque Eólico Laudato Si’, con 215 MW de capacidad instalada, el más grande de Centroamérica y el Caribe, y los parques solares Ikakos, que suman 40 MW y abastecen a clientes comerciales e industriales mediante soluciones de energía renovable certificada bajo estándares internacionales.
A esto se suma un desafío estructural: la región avanza rápido en generación renovable, pero no al mismo ritmo en transmisión y distribución. Sin redes robustas, la transición puede generar congestión, sobrecostos y pérdida de legitimidad pública. Por eso, optimizar la infraestructura existente e incorporar almacenamiento en puntos estratégicos es parte de la solución.
La transición también está atravesada por la geopolítica. Dependemos de cadenas de suministro globales para acceder a tecnologías renovables y a sistemas de almacenamiento de energía, y las decisiones sobre el suministro de gas responden tanto a criterios ambientales como de estabilidad estratégica.
Las matrices más resilientes no apuestan a una sola solución. Combinan renovables como base económica, almacenamiento como respuesta rápida y gas flexible como pilar para la estabilidad y la garantía de suministro.
En CEPM Zero, en República Dominicana, el desafío fue transformar un sistema aislado y dependiente de combustibles líquidos en una matriz híbrida con gas, solar y baterías. La primera fase del proyecto ya incorporó 255 MWp de capacidad solar y 136 MW/167 MWh en sistemas de almacenamiento, fortaleciendo la resiliencia y la flexibilidad operativa de la red. El gas no reemplazó a las renovables. Las hizo posibles a mayor escala en un territorio altamente vulnerable a eventos extremos.
En América Latina y el Caribe, el gas natural, bien utilizado, con reglas claras y combinado con renovables, almacenamiento y redes modernas, no retrasa la transición. La viabiliza.
La verdadera pregunta es si queremos transitar con sistemas confiables y resilientes, o a costa de una fragilidad operativa, apagones y pérdida de confianza pública.
La región tiene recursos renovables abundantes, experiencia en la operación de sistemas híbridos y una oportunidad única de diseñar una transición propia. También cuenta con capacidades crecientes para integrar nuevas tecnologías, desde almacenamiento energético hasta infraestructura de movilidad eléctrica, como lo demuestra el desarrollo de redes de carga para vehículos eléctricos a escala regional.
El autor es director de Operaciones Renovables-InterEnergy Group Limited

