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Sectores que avanzan… y otros que se quedan atrás

Sectores que avanzan… y otros que se quedan atrás
En Panamá hay cerca de 700 mil emprendedores, según la Autoridad de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa. Foto/Pixabay

A medida que avanzamos en esta serie, hay una conclusión que empieza a hacerse cada vez más evidente: el cambio en materia de diversidad dentro de las juntas directivas en Panamá sí está ocurriendo, pero no al mismo ritmo para todos. Entender esa diferencia es fundamental, porque probablemente ahí está una de las claves más importantes para comprender cómo evolucionará la gobernanza corporativa en los próximos años.

El estudio sobre el cumplimiento de la Ley 56 de 2017 deja ver una realidad interesante. Hay sectores económicos donde la participación femenina en juntas directivas ha crecido de manera importante y sostenida, acercándose o incluso superando el umbral del 30 % establecido por la normativa. Pero también hay otros donde el avance ha sido mucho más lento, manteniéndose todavía en niveles considerablemente bajos.

Los sectores más regulados suelen avanzar más rápido, particularmente aquellos vinculados al sistema financiero, seguros o empresas con alta exposición internacional. La razón es bastante clara: están sometidos a mayores niveles de escrutinio. Reguladores, inversionistas institucionales, estándares ESG, calificadoras de riesgo y organismos internacionales generan una presión constante para fortalecer sus prácticas de gobernanza. En esos entornos, quedarse atrás tiene consecuencias visibles.

La composición de las juntas directivas ya no es vista únicamente como un asunto interno de las empresas. Se ha convertido en un indicador que el mercado utiliza para evaluar madurez institucional, capacidad de adaptación y calidad en la toma de decisiones. Y cuando los mercados empiezan a medir algo, las organizaciones reaccionan.

En cambio, hay sectores donde esa presión externa todavía es limitada. Industrias menos expuestas al escrutinio internacional o empresas con estructuras más tradicionales tienden a moverse con mucha mayor lentitud. No necesariamente porque exista oposición abierta al cambio, sino porque no perciben urgencia. Aquí es donde empieza a generarse una brecha silenciosa.

No solo entre hombres y mujeres dentro de las juntas directivas, sino entre organizaciones que entienden hacia dónde va el mundo y organizaciones que todavía operan bajo lógicas del pasado.

Porque hoy la gobernanza ya no es un tema accesorio. Tampoco es un tema reputacional exclusivamente. Es un tema estratégico.

Las empresas que incorporan diversidad en sus espacios de decisión tienden a desarrollar discusiones más robustas, identificar riesgos con mayor anticipación y entender mejor los cambios en su entorno. Y eso, en momentos de incertidumbre, se convierte en una ventaja competitiva real.

Por el contrario, las organizaciones donde las decisiones siguen tomándose desde perspectivas excesivamente homogéneas corren un riesgo importante: perder capacidad de adaptación.

Y en un entorno global donde la velocidad del cambio es cada vez mayor, la capacidad de adaptación probablemente sea uno de los activos más importantes que puede tener una empresa.

Panamá enfrenta aquí un desafío relevante. No basta con que algunos sectores lideren el cambio mientras otros permanecen rezagados. Porque, al final, la competitividad de un país no se construye únicamente desde sus empresas más avanzadas. Se construye desde la capacidad promedio de su ecosistema empresarial para evolucionar.

Eso implica entender que la conversación sobre diversidad en juntas directivas no puede quedarse concentrada únicamente en ciertos sectores. Debe ampliarse. Debe permear hacia estructuras empresariales más tradicionales y hacia organizaciones que todavía ven este tema como algo lejano o secundario. Probablemente ahí esté uno de los mayores retos hacia adelante.

Porque las empresas que hoy avanzan más rápido no necesariamente son las que tienen más recursos. Son las que entendieron antes que el cambio no era una amenaza, sino una oportunidad para fortalecerse.

Han comprendido que incorporar perspectivas distintas no debilita la toma de decisiones, sino que la mejora. Que una junta diversa no pierde cohesión; gana profundidad. Y que la verdadera fortaleza de una organización no está en pensar igual, sino en ser capaz de integrar diferencias sin perder dirección estratégica.

En el fondo, esta conversación no trata únicamente sobre representación. Trata sobre competitividad. La pregunta, entonces, no es qué sectores están avanzando más rápido. La verdadera pregunta es cuáles sectores están entendiendo antes que los demás cómo será el futuro de la gobernanza empresarial.

Porque quienes logren entenderlo primero no solo estarán mejor preparados para cumplir estándares, sino que también estarán mejor preparados para competir.

El autor es socio y director del área de Impuestos y Asesoría Legal en Deloitte Panamá.


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