Escribo esta columna durante las primeras horas de la noche de este viernes, desde Penonomé, nueve horas después del terremoto que sacudió todo el país, aunque más en provincias centrales. Fue un terremoto de 7.5 grados en la escala de Richter, según los científicos en Panamá, aunque en otros países, se habla de 7.7 grados y hasta 8 grados en la misma escala, con más de 150 réplicas, algunas de ellas de superiores a los 5 y hasta 6 grados Richter. En consecuencia, no fue poca cosa. Fue un incidente tan grave como el ocurrido en La Guaira, Venezuela, en pasado junio (7.2 y 7.5 grados Richter).

Solo unos pocos edificios –muchos de ellos viejos– y varias iglesias sufrieron daños en el interior del país, daños que pueden considerarse de consideración. Personalmente puedo decir que fue una experiencia aterradora y no puedo imaginar las violentas sacudidas que sufrieron las personas que estaban en los pisos superiores de los edificios en Panamá. El susto fue inimaginable, a tal punto de que ya no se si son réplicas o si es mi imaginación, pero no me pregunto sobre si es real o paranoia: sencillamente salgo de la casa.

Sábado Picante: Una lección sísmica
Fotografía que muestra una edificación afectada por el terremoto de magnitud 7.5 que sacudió el sureste de Panamá, con una profundidad de 10 kilómetros y generó daños en varios edificios y carreteras cercanas a la localidad de Tonosí. EFE/Bienvenido Velasco

Pero si hay algo bueno que rescatar de esta estremecedora experiencia es la resistencia de la construcción en Panamá. Fue una temible prueba de fuego para las normas anti sísmicas que rigen la construcción en el territorio nacional.

Parece que si hay algo que se ha respetado son, precisamente, esas normas. Y razón de más tenemos ahora para fortalecerlas y cumplirlas. Probablemente el estricto cumplimiento de estas salvaron cientos o quizás miles de vidas en el transcurso de este seísmo. Y eso definitivamente hay que aplaudirlo de pie. El solo hecho de que, transcurridas nueve horas desde que ocurrió el fenómeno no haya habido reportes de víctimas o heridos por causa del movimiento telúrico debe ser un récord.

Y sí, por supuesto que hubo numerosos casos de ansiedad, situaciones emotivas, ataques de nervios y de pánico, etc., pero todos podemos echar el cuento, contar el susto, responder dónde estaba cuando ocurrió, cosa que miles de víctimas de terremotos y fenómenos similares no pueden hacer alrededor del mundo. Algo bueno se ha hecho en Panamá, algo que nos mantiene hoy respirando. Entonces, ¿por qué no somos igual de exigentes en muchas otras cosas? Este terremoto nos demostró que cumpliendo leyes y normas podemos ser tan desarrollados como cualquier otro país.

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El terremoto inicialmente fue registrado por el Instituto de Geociencias como de magnitud 7.2, pero luego fue actualizado en 7.5. LP Rolando Rodríguez

Y quizás no nos hayamos dado cuenta o no hayamos pensado en ello, pero este sismo pudo haber afectado o destruido estructuras esenciales del Canal de Panamá – como sus esclusas y represas– y entonces el desastre, medido en costos económicos y sociales, habría sido catastrófico, pues recordemos que, además en las aguas del canal están las reservas que se usan para el consumo humano en gran parte del área metropolitana. Y no hablemos de los puentes e infraestructura que conectan la capital con el resto del país.

Alguien me comentó que tuvimos suerte, porque pudo haber sido mucho peor. Y es cierto, pudo serlo, pero las cosas bien hechas resisten pruebas igualmente fuertes. Ignoro hasta qué grado de la escala Richter deben resistir las edificaciones en Panamá, pero esta prueba que acabamos de pasar no fue poco cosa. Nos deja más tranquilos. Pero, por si las moscas, valdría la pena darle una mirada, como para actualizarla con las últimas técnicas y avances en materia anti sísmica.

Algunos periodistas de medios extranjeros nos preguntaban y cuántas víctimas o heridos hay o que cuándo se actualizaría el número de heridos o muertes y la respuesta a lo largo de las horas era igual: cero, con lo cual se producía un escepticismo incómodo, pues daba la impresión de que, en medio del caos que produce un terremoto, no había cifras oficiales, ni siquiera extraoficiales.

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Socorristas observan un edificio en Penonomé afectado por el terremoto. EFE/ Bienvenido Velasco

En los próximos días habrá que examinar con mayor detenimiento estructuras que se vieron afectadas o comprometidas; quizás se descubran residencias y edificios con problemas, pero insisto, si no hubo víctimas, ha sido ganancia, porque la vida lo es todo. Y no hace falta decir que, al menos en normas de construcción, hay algo muy bueno que los panameños hemos hecho. Y eso nos da esperanzas de que, pase lo que pase o a pesar de todo, hay cosas que mantener, rescatar y preservar, pero también tenemos que habernos dado cuenta de que, tras esta prueba, tenemos –y podemos– mejorar.