Etelvina Medianero de Bonagas, rectora de la Universidad Autónoma de Chiriquí (Unachi), tiene 13 años consecutivos en ese cargo de los 74 años de vida que tiene —aunque de vez en cuando hace desaparecer un par de años… de vida—, y aún le faltan en el cargo, al menos, 2 años más, si es que no decide reelegirse por otros cinco años más. Desde hace 17 años está jubilada y recibe desde entonces su pensión, que es la máxima: $2 mil 500 mensuales. Es decir, sus ingresos suman más de $16 mil al mes.
Hace ya un tiempo que la rectora dejó de presentarse en la Asamblea Nacional para pedir plata, a pesar de que sus amigos diputados se la daban sin chistar porque la Unachi no es un centro de estudios cualquiera. La Unachi también es refugio de invierno de los partidos políticos que pierden las elecciones. Ahora teme, porque la última vez que fue recibió el rapapolvo de su vida. Recuerdo sus intervenciones, visiblemente torpes, como si desconociera el funcionamiento de la institución que dirige.
Medianero de Bonagas sostiene su pequeña monarquía nombrando apersonas en la Unachi que luego llevan a su parentela: hijos, esposa, cuñados, suegros y hasta amistades especiales. Votos a su favor. Pero la capacidad económica de esa universidad es bastante más limitada que antes, pues el año pasado sufrió una reducción presupuestaria, pasando de poco más de $90millones a $70 millones. Y esta última cifra equivale casi en su totalidad al pago de salarios de su corte, por lo que ahora la Unachi debe hasta el nombre, y eso que la “magnífica” rectora tiene una maestría en administración de negocios con énfasis en finanzas y banca.
Sin embargo, yo diría que Medianero de Bonagas tiene otras especialidades autodidactas y excepcionales: es experta en la manipulación electoral, en la chapucería académica, en el clientelismo. Ha embaucado al Estado con un salario astronómico que ni siquiera gana un astronauta experimentado de la NASA. (Y no es retórica, solo hay que buscarlo en internet). Sus discípulos son docentes indecentes, fieles defensores del nepotismo y la mediocridad, y, en consecuencia, de la rectora también. Desprecian el futuro de los jóvenes, sometiéndolos a sus enseñanzas con su ejemplo, que no es otro que el lado oscuro de la docencia: la corrupción. Tan consciente está la rectora de esto que ya no quiere responder preguntas sobre su gente o gestión.
La hoja de vida de la rectora ni siquiera merece el tiempo que toma su breve lectura. Es tan impresionante como un bostezo. Sus desabridas calificaciones para reelegirse como rectora incluyen un cierre de campaña al mejor estilo politicastro: caravanas, concierto de música urbana, fuegos artificiales y sobornos, perdón, regalos al electorado. Su insultante y grotesca ignorancia en asuntos académicos deberían ser suficiente para alejarla de por vida de las aulas de clases, pero su curtida y probada sapiencia en el chanchullo la mantiene en el cargo. Con calculadas maniobras ha acumulado un universo electoral cautivo y tan mediocre como ella misma lo es.
Y aquí es donde entra en escena la ausencia del contralor, Anel ‘Bolo’ Flores. Habiendo claros sólidos para actuar, a este paisano de Medianero de Bonagas le ha entrado ceguera y sordera. ¿Por qué no investiga las sinvergüenzuras que se viven en la Unachi? Son millones en salarios injustificados, pero el señorito está ocupado en sus vendettas personales y en sus maltrechos negocios. ¿Dónde quedan sus discursos en defensa del erario? ¿Dónde está seriedad de la institución que está bajo su liderazgo? Si hubiera que ubicar a la rectora y al contralor para que rindan cuentas de sus actuaciones, ambos pueden ser localizados en la misma dirección: el limbo. Huyen cobardemente de las preguntas incómodas, porque ambos son frutos del mismo árbol torcido.
El otro que no actúa —salvo para perseguir al que se oponga— es el también paisano de la rectora, el presidente de la República: dice que espera su renuncia. Será mejor que busque una cama y la espere acostado, porque esta señora no ha escuchado nunca esa palabra. A manera de ejemplo, debería enviarle una copia de su carta, la que dirigió al presidente Ricardo Martinelli en marzo de 2012, cuando anunció su renuncia irrevocable al cargo de ministro de Seguridad. A cambio, la señora Medianero de Bonagas puede explicarle el significado de “irrevocable”, porque si algo tiene claro esta funcionaria es que su permanencia en el cargo es irremediablemente irrevocable.

