Muchas veces cometemos el error de ver los libros para niños y jóvenes como un género menor o un simple peldaño hacia la “verdadera” literatura. Sin embargo, la realidad es que la Literatura Infantil Juvenil (LIJ) es el fundamento de la sensibilidad estética y ciudadana. La literatura infantil es un género que hace conexiones humanas con la complejidad del mundo. También es un refugio donde el pensamiento y los sentimientos encuentran un canal de comunicación.
La literatura infantil es un puente que conecta de forma natural con otras disciplinas y formas de arte que crean sinergias donde la palabra, los colores, el sonido, el movimiento y la imagen convergen desde universos distintos para crear lenguajes que hablan sobre la naturaleza humana. La literatura infantil es un diálogo con la diversidad cultural.
Cuando un niño escucha un cuento o un poema, está percibiendo ritmos, cadencias y musicalidad, elementos esenciales de la música. Es una relación que se manifiesta de forma tangible cuando leemos en un cuento a un personaje que hipnotiza con su flauta a una legión de ratones o cuando una madre canta una canción de cuna a su bebé.
La música clásica y la narrativa comparten una relación de estructuras dramáticas que requieren el arte de escuchar. Algo similar ocurre en las artes escénicas donde el cuerpo y la voz construyen relatos. El Cascanueces es un diálogo con la palabra y la música. Quizás Ernst Theodor Amadeus Hoffmann supo percibir está relación que con el tiempo otros autores concretarán de muchas formas.
Esta intersección se extiende a la danza y las artes visuales. El cuerpo también narra historias que la palabra escrita suele sugerir. Los personajes en los cuentos infantiles suelen bailar y cantar.
Cuando los niños escuchan o leen un cuento ponen la imaginación a disposición de la creatividad. La literatura infantil, por tanto, enseña a ver, escuchar y sentir desde la imaginación y el pensamiento. Esta maravillosa relación también tiene sus amenazas.
Hace poco me preguntaban sobre cómo acercar más a los niños a esa disposición a leer más. Tal vez, contesté, uno de los grandes desafíos actuales, no es adoptar una postura adversa hacia los dispositivos electrónicos, sino el distanciamiento de los jóvenes respecto a la lectura tradicional. No quiero decir que los celulares estén eximidos de culpa; pero, incluso, aunque se puedan reír de esta opinión, en un mundo digital como este, los libros siguen siendo más atractivos e importantes que un smartphone. Es por eso que no han desaparecido ni desaparecerán.
Este distanciamiento de los niños con el sentido de la literatura infantil se debe a varias razones. La primera es de corte estético y ético. A menudo algunos autores desconocen el imaginario infantil e imponen lecturas didácticas que buscan dejar una “moraleja”, que aleja a los niños del placer estético y la provocación intelectual. La literatura infantil no tiene ninguna necesidad de darle la espalda a temas como la muerte, la soledad, la guerra, el duelo, etc., y cuando esto pasa no estamos haciendo literatura.
La literatura infantil es una herramienta poderosa para romper paradigmas y jerarquías inútiles entre el autor y el lector infantil. Existe un escenario donde se dan diálogos que deben ser técnicos y temáticos. Las inquietudes contemporáneas de los adultos también afectan a los niños y por eso la literatura debe saber abordarlos sin subestimar el imaginario infantil.
Otra razón que distancia a los niños y jóvenes de la lectura tradicional y los aleja de los atributos de la literatura infantil es el problema del ecosistema del libro en nuestro país. Es vital que existan espacios donde la literatura infantil se visibilice. Ferias, festivales, encuentro, foros son necesarios, pero también visibilizar la labor de las bibliotecas públicas y los mediadores de lectura.
La promoción de nuestros autores y la industria editorial local es una apuesta cultural por la soberanía cultural. Los espacios o escenarios de lectura ayudan al objetivo del libro como un instrumento de transmisión cultural y fomento de la democracia. Cuando una comunidad reconoce la importancia de sus escritores y de quienes distribuyen sus obras, está fortaleciendo su propia identidad y lee más.
Quiero cerrar esta reflexión con una invitación. El Sexto Festival de Literatura Infantil y Juvenil que realizará el Ministerio de Cultura, el próximo 19 y 20 de mayo en Ciudad de las Artes. Es uno de esos escenarios de lectura donde la literatura infantil dialoga con todas las artes y es, a la vez, un espacio donde queda en evidencia que la gestión cultural desde las políticas públicas de lectura, escritura y oralidad son imprescindibles en los proyectos de desarrollo cultural y social.
El Festilij 2026 es un evento que une a la familia, el libro y la cultura.
El autor es escritor.

