El panorama económico mundial y las perspectivas para los próximos años plantean el reto de optimizar los recursos en las empresas, sobre todo en un escenario en el que el crecimiento económico se recupera lentamente, y se espera que la producción agregada global apenas alcanzará el 3% en los años 2016 y 2017.

Los países latinoamericanos y otras economías en desarrollo serán los menos favorecidos, debido a su alta dependencia de materias primas, la baja productividad, la inflación persistente, la salida de capitales, la volatilidad de los tipos de cambio y los elevados costos de financiamiento, entre otras causas que requieren políticas bien diseñadas para evitar una indeseable recesión profunda en la región.

Aunque Panamá mantiene la mejor proyección de crecimiento en la región, no hay que perder de vista la vulnerabilidad implícita del país frente al solo hecho de una disminución del ritmo de crecimiento económico, lo que puede derivar en menor generación de empleos y hasta despidos, si las empresas no se preparan para optimizar sus procesos productivos, en especial, su mano de obra.

Una disminución en el ritmo de la actividad económica se traduce en una menor dinámica de la demanda agregada de bienes y servicios, lo que afecta el nivel de ingresos por ventas (flujos de caja) y la creación de nuevas empresas.

Los ajustes a los que se hace referencia tienen que ver tanto con el entorno como con el interior de las empresas. Las decisiones inherentes al entorno involucran a los clientes y proveedores, y las relacionadas al interior involucran su operación o funcionamiento.

Para reducir costos y mantener flujos de cajas positivos, la opción más frecuente es el despido de personal, que se interpreta como una reducción directa de los costos, sin tomar en cuenta que con esto se puede romper un eslabón importante en el proceso productivo y, en consecuencia, se limita la capacidad de producir u obtener un producto de calidad y, por ende, las ventas.

La pregunta, entonces, es ¿cómo reducir los costos sin afectar la producción ni la calidad del producto? La respuesta naturalmente no es trivial, sin embargo, se pueden hacer algunas recomendaciones para que el ajuste en los costos no empiece por la reducción del personal. En primer lugar, el recorte de gastos debe empezar en las áreas que no son críticas para el negocio, planificando su restitución a futuro, si es necesario. La otra acción es la reducción de insumos, materiales o procesos que tienen poco impacto sobre el producto final y que, probablemente, no son determinantes para la calidad que espera el cliente.

Es vital que tanto los administradores como el personal estén conscientes de la situación y que, en la medida de sus posibilidades, sacrifiquen temporalmente algunos de sus beneficios, así podrán ser parte de la solución, mientras la situación de la empresa mejora.

Dicho esto, entonces, es importante informarlo de inmediato a toda la organización.

Por último, no se debe perder de vista que toda crisis trae consigo nuevas oportunidades, que se deben aprovechar en la medida en que el modelo del negocio sea orientado hacia lo correcto, y que las mejores decisiones se tomen oportunamente.